Habitares excéntricos

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Habitemos, por Elena Cayeiro, título del primer artículo dentro del fanzine nº0 presentación de LFDTV. Transcribo en este post el resto del artículo:

“...Habitar es una manera de ser, una de las “formas” básicas que configuran nuestro existir, pues existimos habitando, y por ello construimos. Habitamos porque somos. ¿Qué significa entonces habitar? “El habitar es la manera en que los mortales son en la tierra”. Se trataría de un habitar que no consiste en la simple dominación técnica y prometéica de la tierra, sino uno que posibilite una actitud de escucha y retroalimentación desde la experiencia.
Nuestra memoria, nuestra identidad, y nuestras formas de entender el mundo que nos rodea se articulan mediante mecanismos cognitivo y narrativos. A veces perdemos de vista el rumbo y esto nos lleva adoptar y creer relatos ajenos muchas veces impuestos como única noción de realidad, pues el sistema capitalista tiene muy bien aprendido su discurso. Es entonces cuando se pierde el rumbo, las identidades se disuelven y nos alienamos. Esto es lo que ha sucedido en nuestras ciudades, pueblos y barrios, y lo que nos ha sucedido a nosotras como ciudadanas.
Lo bueno es que no todo está perdido. Todo puede deconstruirse y volver a construirse. Para ello tenemos que dejar de ser simples clientes pasivos de los espacios que habitamos, de no comprometernos con ellos, de no formar parte de ellos, de no SER ellos. Creemos espacios en los que podamos desarrollarnos independientemente de la estandarización y la homogeneización que nos rodea, que nos aliena con el sistema del “esto no se puede hacer así”. Los espacios son pura potencialidad, y permiten potenciarnos a nosotras mismas y nutrirnos de sus construcciones, las que nosotras mismas podemos llegar a crear.
Para que este (re)descubrimiento sea lo más sincero posible, es necesario que repensemos todo lo que nos han enseñado y cómo lo han hecho, a ser críticas y a establecer nuestras propias formas de crear. Basarnos en principios como la horizontalidad, la implicación en lo común, la autogestión, la autoorganización, y el compromiso que todo esto requiere, pues el empoderamiento colectivo no sólo se construye a través de los discursos, también del trabajo duro. Los espacios los poseen quienes los trabajan, quienes han formado parte de su desarrollo. Es el momento de recuperar las riendas de lo que somos, de construir para habitar, de pensar para habitar. Y eso es lo que intentamos hacer aquí, imaginar para llevar ese habitar a la plenitud de su esencia.

Habitemos, pues. Y si lo hacemos poéticamente, como diría Hölderlin, mejor.”

Habitando, pues. Y viviendo la excentricidad, cada vez más, como poesía.
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(habitando-reconstruyendo colectivamente la finca La Jara, en Jerez de la Frontera, con La Yerbabuena)
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(habitando el Doblao que rehabilitamos en un taller de de-re-construcción, hace tres años)
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(habitando La Serena, con los cinco sentidos y proponiendo talleres para alimentarla con fantasía)
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(habitando LFDTV, e investigando con Multihabitar y los Fabrikantes otras tecnologías de construcción)

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Cosmograma subjetivo, equilibrista y temporal

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"Por supuesto que las manionetas están atadas! Pero la consecuencia por cierto no es que, para emanciparlas, haya que cortar todos los hilos. La única manera de liberar a la manioneta es que el titiritero sea buen titiritero. De modo similar para nosotros, no es que tengamos que disminuir la cantidad de relaciones para llegar por fin al santuario del ser" (Reensamblar lo social. Una introducción de la teoría del actor red. Bruno Latour)

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Esta fue la carta abierta que enviamos a los alumnos del Master en Arquitectura de la Universidad de Alicante. La ocupación ya fue, y fue intensa. Así que agradecida a los estudiantes, sobretodo, por hacer que no fuese un simulacro de ocupación, a Mikel Motosierra, porque ha sido bonito y fácil trabajar con él, y a Enrique Nieto y Miguel Mesa, por incitar otros modos de ser y de estar en la universidad:

OCCUPY THE AULA
por María Javaloyes y Mikel Motosierra


CARTA PARA “DAR QUE PENSAR” E INSTAR A LA OCUPACIÓN DE UN AULA




A lxs participantes, estudiantes, profesores y cosas no-humanas del máster:


Un aula,
un estudio,
una casa,
un campo de juegos,
un campo de experimentaciones,
un campo de batallas,
un espacio de fuga,
un centro social,
una fábrica,
un foro,
un aula.


Hola, os escribimos Mikel y María. Hace años, siendo estudiantes, junto a otrxs ocho compañerxs, en su mayoría de la Escuela de Arquitectura de Alicante, alquilamos un local en la ciudad que, podríamos decir, fue una tentativa por tener todos esos espacios listados arriba en un mismo lugar. ¿Por qué lo hicimos? Por el deseo y la necesidad de construir un espacio común para pensar-actuar. Las glorias y miserias que vivimos entre aquellas paredes (y ese techo tan bajo, maldita sea), fueron el germen de muchas otras tentativas que han ido marcando más o menos intensamente las carreras (como estudiantes y como profesionales) de todos los que participamos de aquella primera incursión en lo común.


Ahora vuestros profesores del máster nos han pedido que os ayudemos a ocupar un aula en la universidad. El jueves 15 de octubre, primer día del máster, todxs vosotrxs vais a entrar en un espacio (el aula como lugar físico pero también el máster como espacio educativo) nuevo. Y nuevo significa nuevo para vosotrxs estudiantes-arquitectxs, pero también (y esto es lo mágico del caso) para los profesores y para la Universidad como institución. Esta situación inicial precaria puede ser propicia para ‘instituiros’ vosotrxs también como una especie de órgano-gestor-de-lo-común del máster, cuya sede será el aula, desde donde incubaréis vuestros deseos comunes... Pero, ¿pueden unos estudiantes apropiarse de verdad de un espacio (físico y educativo) tan institucionalizado?, ¿puede un aula de universidad y un master ser un bien común? y ¿por qué este interés en que lo hagáis?


Pensamos que en el siguiente párrafo, la filósofa Marina Garcés responde, mejor de lo que lo podamos hacer nosotrxs, a todas estas cuestiones:


“El conflicto se ha desplazado, en nuestras sociedades desarrolladas, de la fábrica a la universidad. Como explica el Manifiesto de Edufactory: “Así como la fábrica fue en otro tiempo el lugar paradigmático de la lucha entre trabajadores y capitalistas, hoy la universidad es el espacio clave del conflicto, en el que la propiedad del conocimiento, la reproducción de la fuerza de trabajo y la creación de estratificaciones sociales y culturales están en juego”. En este sentido, la universidad ya no es una institución de una clase social cerrada, garante de la cultura nacional. Es una universidad-metrópolis en la que entran en lucha las dinámicas más feroces del capitalismo cognitivo: mercantilización, planificación, precariedad. No son términos antagónicos, son las claves del sistema de dominación actual. Frente a ello, como escriben en Exit, “la autoformación es una línea de fuga de la dialéctica público-privado. Es una construcción de lo común y la forma de organización de los trabajadores cognitivos”. Sandro Mezzadra, en la presentación de Uninomade matiza esta idea de línea de fuga como “una interpretación no pacificada de la idea de éxodo”. El éxodo no se pone fuera: desocupa las instituciones para abrir las brechas del conflicto y rehacerlas desde el antagonismo, desde una subjetividad que pueda ser el nuevo motor de cambio y desde un conocimiento que no quiere ser alternativo sino “oposicional” o de oposición. La autoformación como éxodo, por tanto, se mueve en “lugares de frontera” para apuntar mejor a lo común: “la autoformación no busca la universalidad sino la construcción de lo común”. (DAR QUE PENSAR Sobre la necesidad política de nuevos espacios de aprendizaje. Garcés, Marina. 2010)


Y entonces, ¿Cómo empezamos? De momento os proponemos empezar pensando por ejemplo en esta frase:


Toda ocupación es una ocupación política.


No hay escapatoria, hagáis lo que hagáis, os estaréis posicionando respecto a la Universidad, al máster y, como casi-arquitectxs, a la profesión. Ocupar un aula de la universidad es construir lo común y organizaros como trabajadores cognitivos. Es experimentar las consecuencias políticas del habitar, amueblarlo, decorarlo, mancharlo de determinada manera, limpiarlo, hacer un responsable de las llaves, acordar zonas de trabajo y zonas de descanso, crear y revisar continuamente micropolíticas de uso y gestión de conflictos. Es equipar de forma práctica un espacio para la (auto)formación, la emancipación, la generación de conocimiento, la innovación, el desbordamiento de la institución.


Así, se impone una pregunta cuya respuesta no es una frase ni un párrafo. Es una actitud que debe manifestarse materialmente cada día del máster:


¿Quieres que sea este aula tu espacio de trabajo principal o sólo el lugar donde se dan las clases de un master?


Si la respuesta es la primera, piensa todo lo que necesita tu(s) espacio(s) de trabajo y acción principal actual y, de alguna forma, trasládalo al aula:


  • mesas y sillas (tenéis suerte, estas las pone la Universidad y serán vuestras, una por alumnx)
  • taquillas con llaves (esto también os lo pone la Universidad)
  • regletas (recomendamos tres enchufes por alumno. Si queréis tenerlas permanentemente, y dada la cantidad necesaria, recomendamos que las traigáis vosotrxs)
  • portátiles, tablets, cámaras de fotografía, trípodes, proyectores, impresoras ...
  • altavoces vs auriculares
  • metros, reglas
  • cintas adhesivas, bridas, cuerdas, pinzas, alambre..
  • tijeras, cutter, guillotina, punzones...
  • rotuladores gordos (edding, posca...)
  • sprays y stencils
  • cajas de cartón para guardar cosas
  • pizarras autoportantes
  • paquetes de post-it
  • lámparas u otros sistemas de iluminación individual
  • papeles y cartones de muchos tipos y tamaños
  • materiales de maquetas y prototipados
  • colchones, colchonetas, pufs, almohadas
  • alfombras
  • cortinas
  • zapatillas de andar por casa
  • tuppers con comida, frigorífico y microondas (vasos, platos y cubiertos)
  • escoba y recogedor
  • posters
  • ...


Y a vosotrxs, profesorxs del máster, os corresponde una pregunta simétrica:


¿Quiero que lxs alumnxs se instituyan en el órgano de su propia organización? ¿Cómo me interpela ‘su común’? ¿Qué espacio ocupo yo, cómo estoy...estoy inmerso en sus dinámicas?  


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Complementariamente, y como mecanismo para relatarnos en un plano más íntimo de intereses y deseos, os instamos también a que traigáis imágenes impresas, cual colección de cromos, de lo que para cada unx sean sus referentes dentro de las siguientes tres categorías:


  1. Referentes de identidades:  personas y/o organizaciones que seguimos, porque nos interesa, nos inspira su trabajo, su relato de vida…(arquitectxs o no, vivos o muertxs, reales o de ficción…)
  2. Referentes de ocupaciones: formas de ocupar, habitar, gestionar, espacios comunes, espacios institucionalizados, de forma temporal o permanente, legal o ilegal, directa o metafóricamente relacionadas con la ocupación de un aula...
  3. Referentes de experiencias propias: vivencias que considerais marcan, o han marcado, de alguna manera, vuestro trabajo, vuestros modos de hacer, vuestros intereses.


Todas estas cosas y otras podrán ocupar permanentemente el aula durante todo el curso. Por supuesto el día 1 de la ocupación es sólo el principio de esta aventura. Pero creemos que es un día especial, de celebración y de balbuceos de objetivos comunes. Os esperamos frente al aula del máster, el día 15 de octubre, a las 11.30h.


Con afecto,

María y Mikel

Singularidades rurales

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Fue un poco extraño terminar de leer “Muerte y vida de las grandes ciudades” mientras recorría (y sigo recorriendo) el sur-suroeste rural de españa, de pueblo en pedanía o barriada rural o casa de campo, trabajando y viviendo experiencias con algunos de sus habitantes. Muchos pueblos, mucha vida rural, muere, como lo hacen las ciudades por otras causas, pero tienen en común esos agentes disruptores de la normalidad, del proceso de ruina y decadencia. Pequeños grupos de personas, a veces organizados en red, que llevan a cabo procesos de revitalización de los entornos que habitan. Agentes extraños en lo cotidiano rural, que ya de por sí supone unas formas de habitar evidentemente diferentes a las de las grandes ciudades. Jane Jacobs lo deja bien claro al principio de su libro: lo que aquí cuento no es de aplicación para medianas ni pequeñas ciudades, y mucho menos para pueblos. Y también deja claro que no considera al medio rural capaz de ofrecer una vida plena, interesante, estimulante e innovadora.

Jacobs se crió en un pueblo americano y debió pasarlo mal, ;) pero a parte de esto hace una crítica, con toda la razón, a la idea romántica burguesa de la naturaleza y de los campos de cultivo, porque esa vida rural idealizada solo es propia de quien no ha trabajado el campo ni ha tenido que autoconstruir su casa. Y también es propia de quien no ha vivido esa falta de anonimato propia de la vida en pequeñas comunidades cerradas y amigas de crear hegemonías. Algo que puede coartar o dificultar mucho el desarrollo de las subjetividades y de identidades fuera de lo común establecido.

Yo estoy de acuerdo con toda esa crítica. Pero de ahí a pensar que no existan personas que, por su forma de ser vayan a tener una vida más plena, interesante, estimulante e innovadora que si vivieran en grandes y densas ciudades, hay una gran distancia. Yo si pienso que existían cuando Jacobs escribió su libro (1961) y que siguen existiendo esas personas (y esas etapas de sus/nuestras vidas). Y para entender esas vidas, esas formas de habitar, y así poder contribuir en resolver nuevos problemas de necesidad o deseo, son necesarios, (a parte de otras concepciones sobre la configuración del territorio que han superado la estricta dicotomía entre rural y urbano), los mismos hábitos de pensamiento que Jacobs proclamó fundamentales para entender a las ciudades (no digo que sean suficientes pero si necesarios):

  1. Pensar en procesos.
  2. Trabajar inductivamente. De lo particular a lo general.
  3. Buscar indicaciones o señales singulares, que impliquen cantidades muy pequeñas que revelen la forma en que operan cantidades mayores y más abundantes.

Me quiero centrar ahora en el tercer punto. Jacobs se refiere a estas singularidades como esas cosas no promedio, despreciadas por las estadísticas y que sin embargo ayudan a comprender lo promedio:

“Lo singular puede ser físico, como en el caso de los pequeños elementos que atraen la vista en un escenario visual mucho más amplio, un escenario más promedio. Puede ser económico, como las tiendas especializadas en un solo artículo; o cultural, como una escuela poco corriente o un teatro experimental por ejemplo. Lo singular también puede ser social, como en el caso de los personajes públicos, lugares por donde deambulan las personas y hasta residentes o usuarios que sean financiera, vocacional, racial o culturalmente singulares.

..las cantidades non-promedio son importantes como medios analíticos, como pistas.”

Y ahora me propongo hacer un listado, sin ser exhaustiva ni rigurosa en las descripciones, de alguna de esas rarezas, singularidades rurales que he conocido a lo largo del 2015:

  1. Algunos casats de lloc menorquines con nuevos moradores que los están rehabilitando y reactivando a través de nuevas ofertas socio-culturales y de producción agrícola. En algunos de los casos, los que conocí más de cerca, lo hacen desde éticas ecologistas-decrecionistas, bajo los principios de la permacultura, con deseo de una vida en comunidad y con una gestión consciente de los recursos, dentro de un entorno silvestre, libre, gestionado participativamente y, a veces, con cierta afinidad por algo así como “una experiencia cotidiana mística, que diluya y reconecte al cuerpo con lo demás”. De hecho, esa experiencia mística es en parte el servicio que ofrecen. Puedes sentir más o menos afinidad, pero la realidad es que este tipo de ofertas tienen demanda en un contexto rural como el de Menorca. (aquí la propuesta de investigación que presentamos para poder investigar estas singularidades rurales)
  2. Algunas casas de la huerta alicantina y murciana, reconvertidas en un caso en sede de una emisora de radio de música independiente que organiza eventos en la misma casa en la que emiten, ampliando la oferta de ociocultura rural, o en una residencia artística que apuesta por las prácticas artísticas que puedan servir como motor de dinamización y de desarrollo del pensamiento crítico en un entorno o comunidad glocal.
  3. Algunas fincas, terrenos, en los campos de Cádiz, gestionados por cooperativas o asociaciones, especializados en la producción de calidad agroalimentaria y en la oferta de otros usos y experiencias en sus propias instalaciones. Es el caso de la Sociedad Cooperativa “Campo de las mieles”, una empresa familiar que gestiona con una visión integral la finca “Rancho Cortesano. O, mucho más joven, el caso de la asociación y futura cooperativa La Yerbabuena Campesinos, con la que hemos y seguimos trabajando, y que me dejo para otro momento reflexionar sobre ella, porque merece un post aparte, ;)
  4. Algunas iniciativas extremeñas como BBB Farming, que a parte de crear un grupo de consumo que conecta urbanitas con la producción ecológica rural de su entorno, crea eventos para colectivizar dicha producción. Y más recientemente, La Fábrica de toda la Vida, un verdadero ejemplo de tesón por la revitalización colectiva, comprometidos con la gestión social de los bienes comunes y la oferta de ocio y otros servicios en los valores de la “cultura libre y colaborativa” en un entorno rural, teniendo como campo de experimentación y de batallas principal lo que para unxs es un patrimonio y para otrxs un residuo industrial, es decir, la antigua cementera Asland.


Queda reflexionar cómo estas singularidades y otras, unas que persisten y otras que no continúan, pueden ayudarnos a comprender su contexto, lo promedio mismo situado en un tiempo y en un lugar concreto. Como este post es ya largo, y la respuesta a la pregunta debe serlo también, dejo para el futuro seguir reflexionando sobre esta cuestión.




(en un concierto en la sede de Radio Vega Baja)

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(una de las exposiciones dentro de un festival de fotografía organizado por La Postiza)



Anécdotas de habitantes (II)

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- Pero si esa palmera no es tu problema, no está en tu jardín.
- Si es mi problema porque me molesta, porque yo antes tenía, cada mañana, una hermosa palmera en mi habitación.
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Durante muchos años MG se despertaba por las mañanas con una palmera en su habitación, perfectamente proyectada su silueta en la pared frente a la ventana. Bastaba con bajar las persianas dejando pasar un pequeño orificio de luz para disfrutar del efecto cámara oscura. Gracias a este efecto óptico, la esbelta palmera del vecino entraba en la habitación de MG, como un micropaisaje del revés, saltandose los límites entre propiedades privadas.

Los días de viento, además, se proyectaba el movimiento...
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MG disfrutaba mucho de este espectáculo doméstico casi diario. Pero luego vino el picudo y ahora lo que se proyecta en su habitación son los restos de la palmera, lo que queda, su tronco. Así que MG está buscando una solución, y ya parece tenerla. Va a proponer al vecino plantar una enredadera alrededor de la base del tronco, para que crezca agarrada a él y le de vida. Tiene algunas ideas más que quiere dibujarle, porque dice que esto también es su problema.

(Anécdota situada en una barriada rural de Jerez de la Frontera)


Anécdotas de habitantes (I)

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“Desde la cama veía el madero que sobresalía de la pared de enfrente.”
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Cuando era pequeño, a HH le hacían dormir la siesta en un cuarto con la puerta abierta. Nunca tenía sueño. El aburrimiento disparaba la fantasía y así fue como empezó a jugar a “el viaje tumbado”, una especie de versión de lo que Fatema Mernissi llama “el paseo sentada” en “Sueños en el Umbral”. HH imaginaba una caravana de camellos atravesando las montañas, ríos y desiertos del madero de la pared de enfrente, y a veces el viaje continuaba por las piedras de mampostería. Él está convencido de que había una pared de piedra.
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Muchos años después alguien decidió tapar todo aquello. No sólo de esta pared sino de todas las paredes de la casa. Por aquel entonces HH vivía en Madrid. Adoraba la vida en la capital, principalmente por dos razones: por sus calles llenas de desconocidos y por las pequeñas y especializadas librerías, sobretodo librerías de segunda mano.

Un cúmulo de circunstancias han hecho que regrese a la casa de su infancia, a su pueblo de origen. Necesitaba espacio para todos los libros que ha ido acumulando estos años y empezó rehabilitando la fragua de su padre, situada en el patio de la casa. Ahora está continuando con la propia vivienda. Un tercio de lo que era “el doblao” será también biblioteca y ha buscado otros arquitectos para hacer el proyecto. Quiere una biblioteca donde no pase frío en invierno ni calor en verano, y donde los materiales acompañen a los libros. No como la que tiene ahora.
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Y así vamos descubriendo capas de la casa. El madero sigue pero la mampostería no. En su lugar un violento muro de bloques de hormigón de los vecinos. En otra pared descubrimos un arco de ladrillo. En breve empezaremos a añadir nuevas capas, pero no para tapar las existentes porque a este habitante le gustan las historias, (no todas claro, la de los bloques de hormigón no le ha hecho ninguna gracia). Por eso una gran parte de los materiales extraídos, siguiendo un proceso de deconstrucción, serán reconfigurados y recolocados en algún lugar de la casa.

Seguimos en de-re-construcción.
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Anécdota situada en un pueblo de la comarca de La Serena, Extremadura.

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(Mesa de Disidencias Afectivas)

(02/06/2015, Centro Cultural las Cigarreras, Alicante, España)
Sobre una mesa hay una tela de rafia negra. Siete arquitectos colocan encima las imágenes de las personas u organizaciones, reales o de ficción, que han elegido como referentes porque se identifican con ellas, con sus trabajos y/o con sus relatos de vida. Y luego siguen superponiendo y mezclando experiencias, trabajos y afectos...

Cuando terminamos de construir la mesa de Disidencias afectivas dentro de la exposición: 13 años de PFC en Alicante,  releí este artículo: Desbordarse para ganar. Más allá de muchas carencias y ausencias, el proceso de construcción de esa mesa fue un acto de desbordamiento para la construcción colectiva de un relato. No están materializadas en el “producto final” todos los valores del proceso, pero están, invisibles, en cada una de las personas que lo vivimos. Y esa capacidad para dejarse desbordar creo que, igual que caracteriza a los nuevos movimientos políticos, caracteriza, en la medida de su escala, a lo que algunos llaman “el Modelo Alicante”. Y el día de la inauguración de la expo, con tantos relatos diferentes en cada pfc, con tantas personas de todas las promociones, con sus familiares incluso...pues me pareció sentir que realmente la escuela de arquitectura de alicante, desde su Área de Proyectos Arquitectónicos, con todas sus carencias, errores y lo que quieras, ha sido para suficientes personas una construcción colectiva, que forma parte de los relatos de vida de cada unx. Extraigo aquí un texto de ese artículo, y donde pone “organización política” podemos imaginarnos que pone “docencia y práctica arquitectónica”:

Estas experiencias están construyendo, sobre la marcha, prototipos abiertos para generar nuevas formas de organización política, caracterizada por la distribución de competencias más allá de los tradicionales gabinetes y secretarías de los partidos, por la producción de narrativas de forma abierta y colaborativa, por la creación de identidades mutantes y con vocación inclusiva, no excluyente. Son organizaciones que asumen e integran la des-organización, buscan -y se dejan- desbordar, más que compartirmentar la política en bloques (identitarios, lingüísticos, organizativos, demográficos, etc.).

Hablando de esto con un amigo, puso en duda que exista ese sentimiento de relato colectivo, más allá de mí misma, pero luego dijo algo que lo contradice un poco, ;) y es que existe demasiada vinculación con la escuela, por parte de muchos exalumnos, tanto a los que les fue bien como a los que les fue mal. Puede ser, y es uno de los peligros de la creación en común, de los vínculos afectivos que se generan en la construcción de la identidad relacional y no sólo de la identidad individualizada. Detectarlo está bien, para actuar sobre ello. Entiendo que lo peligroso es que esa identidad relacional exista sólo con un grupo de personas. Es lo que pasaba en la sociedades premodernas y lo que sigue pasando en comunidades demasiado endogámicas. No se trata pues de dejar de formar parte de comunidades ni de dejar de construir relatos colectivos, sino de no tener dependencia a ninguno de ellos y no dejar de alimentar la construcción de esa identidad individualizada.

Podéis leer aquí tanto los PFCs como las conversaciones y reflexiones en torno al tema de Disidencias Afectivas. Que no es una disidencia hacia la arquitectura, es hacia unos modos de hacer y de ser arquitecto perpetuado en los roles tradicionales y que no se adaptaron ni a nuestros cuerpos ni a nuestros deseos, al menos en el momento de realizar estos proyectos-investigaciones-experimentos, que yo no siento ni finales ni inicio de carrera. Son proyectos en el camino de la carrera. Antes del PFC hubo vida, fue muy intensa, determinante y llena de preguntas. Por eso a algunas nos sigue pareciendo tan importante que existan esas bitácoras, esos cuadernos de viaje, que recojan las derivas, los descubrimientos y también lo aprendido de los fracasos...Ya lo decíamos en las conclusiones de aquel artículo sobre pedagogía, políticas de género y formas de ser arquitecto, y lo ha vuelto a decir Ester Gisbert en su escrito sobre esta mesa de reflexión. Pero vamos, que tampoco es que sea ésta la supersolución, es una herramienta más para nuestros desarrollos.

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