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Postales desde Vestiario: Madrid estaba allí

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“Querida Verónica:
Ahora que la policía os acosa y que se acerca el inminente fin de este experimento sobre otras formas de habitar posibles, desarrollado en el espacio Vestiario, he pensado que, ya que no podremos lxs turistas ir a visitar uno de nuestros lugares favoritos de Madrid, pues que al menos nos queden sus postales como lugar de interés cultural que ha sido para bastantes personas.
Quedaría con estas postales un objeto físico reproducible hasta el infinito, con el que decorar nuestros hogares y alimentar nuestros imaginarios. Con la imagen de ésta que os envío se hace visible la sensación que tuve estando allí: que Madrid estaba en Vestiario”

En aquella experiencia madrileña de la que hablé hace ya mes y medio, sucedió algo al inicio del viaje que desencadenó toda una serie de acontecimientos enriquecedores para mí. Se trató de una casualidad: coincidí en el Blablacar de ida con Verónica Francés, sin que ambas supiesemos que habíamos escogido la misma furgoneta (que por cierto era la casa de la conductora) hasta que nos encontramos en una rotonda a la misma hora.

A Verónica la había conocido fugazmente hacía unas semanas en unas charlas donde ambas contábamos nuestros Proyectos Finales de Carrera (PFC), estrategicamente sugeridos junto al de otras arquitectas, por nuestro exprofesor (el ex sobra en realidad porque seguimos aprendiendo de él) y amigo, Enrique Nieto. De entre todas las cualidades que tiene el trabajo de Verónica uno que marca para mí la diferencia es que vivió en su PFC, titulado DIARIO DE UNA ARQUITECTA. Lo hizo durante su realización y aún a día de hoy, aunque quedan días para que desaloje una parte de éste, vive en él. Me estoy refiriendo al espacio V_estiario: “la domesticación a coste cero de 170 m2 de uso industrial que seis personas hemos reapropiado como espacio habitacional y de producción cultural, añadiéndolo como nodo de la contrageografía.” en palabras de la autora.
Si pinchais en los enlaces podreis conocer la investigación completa, a través de los diferentes medios de comunicación que Verónica utilizó precisamente para convertir su experiencia en un conocimiento apropiable y reeditable por otros.

Volviendo al viaje de ida a Madrid, yo tenía alojamiento en casa de un amigo. Se trataba de un piso reformado elegantemente, que había pasado de tener tres dormitorios a uno solo. Es decir, la reforma tipo pensada para solteros y jóvenes parejas con trabajo y sin hijos. Estuve unos días en este piso, pero no quería perderme la oportunidad de conocer en persona y habitar el espacio Vestiario, así que me fui a pasar allí uno días y he de confesar que hasta que no lo viví no comprendí del todo su valor. Quiero decir, que fue estando allí cuando tuve claro que se trataba de una experiencia real, fruto de una necesidad básica, la vivienda en ese momento y en esa ciudad, y de infinidad de deseos que rondaban las cabezas de sus habitantes: una antropóloga, una historiadora del arte, una psicóloga, una arquitecta, un sociólogo, un comunicador audiovisual, como habitantes permanentes, más todas las personas que fueron partícipes de Vestiario, asistiendo a sus eventos o colaborando en su construcción contínua.

Supe que no sólo compartían espacio, sino que tenían un sistema de organización para la gestión de dicho espacio pero también para probarse en estas formas de habitar: la compra común de la comida (cuya austeridad he de decir me sorprendió mucho), la recogida de frutas y verduras deshechables por una tienda del barrio, las reuniones para la elaboración de los eventos…Hablamos también sobre los conflictos que se habían generado por una convivencia donde la privacidad acústica no existía y a veces los ritmos de vida no coincidían.

Comprobé también que las otras partes del PFC de Verónica siguen formando parte de su vida cotidiana, como asistir a las asambleas desde las que se trabaja por asegurar el derecho (y los deberes también) de vivienda, en diferentes modelos habitacionales según sean las circunstancias de las personas que las necesiten por las razones que sean; razones que se estudian en cada caso. Pude atisbar la intensa labor de estudio sobre la legislación vigente que se lleva a cabo en estas asambleas. Tanto es así, que su servicio empieza a estar reconocido por los propios jueces, que recomiendan a los propietarios de inmuebles okupados que se pasen por las asambleas para que les lean sus derechos, ;) El PFC de Verónica visibiliza, amplía y añade herramientas y/o conocimiento a ese underground madrileño al que me referí al final del anterior post, es decir, a esos espacio de contrapoder.

Ahora desalojan Vestiario porque no ha sido posible su legalización a pesar de haberlo intentado. En cualquier caso la experiencia y el conocimiento generado existen y dará paso a otra aventura habitacional que de seguro continuará esta investigación.

Finalmente, entre las conversaciones con Verónica, aquella en la que me contó un artículo que estaba escribiendo con Enrique Nieto. Un artículo sobre PFC y Género en el que ambos consideraron que debía participar, y yo encantada me uní. Lo comunicamos este Jueves 3 de Julio, en las XII Jornadas de Redes de Investigación en Docencia Universitaria. Se puede leer aquí: Metodologías de PFC desde una perspectiva de género y seguramente sea el causante de muchos de los sucesivos post de este blog. Siempre a mi ritmo, continuará...
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Siete días en Madrid alternando la experiencia surrealista de un taller muy institucional de arquitectura, con la experiencia underground de la ciudad, han sido suficientes para reafirmar la gran distancia que existe, en cuanto a autenticidad y pertinencia, entre lo que se produce en una realidad y en otra, por muchos intentos, desafortunados y afortunados, que se hagan por trazar vínculos reales entre ellas. Vi esperanzas de esos intentos, pero en este viaje las vi desde lo underground hacia lo institucional y no al revés.

Empiezo con la experiencia del taller:
La exposición en la que se enmarcaba el taller al que asistí tenía mucho de populista y sensacionalista, y eso se sabía. La cuestión es que me apetecía mirarlo de cerca, conocer de cerca la forma de trabajar de alguno de estos arquitectos que impartían los talleres y cuyo trabajo seguía. Tenía curiosidad por saber su opinión, de primera mano, respecto a la exposición. Una exposición que se abanderaba sin pudor, a pesar de quienes eran los organizadores, con lemas como éste:
«la arquitectura no es sólo una actividad glamurosa, hecha para soportar narcisismos, hay que apostar por la arquitectura cotidiana: la que pertenece a la vida cotidiana de la gente y no a los edificios escultóricos y a los iconos.»

Pues bien, a este contexto me quise acercar, para observar, preguntar y con suerte (tenía la esperanza de encontrar a alguien para ello) conversar sobre temas que realmente me parecen de interés y que la arquitecta que impartía el taller difunde en su web y en conferencias.

Pero esa conversación no ocurrió, y en su lugar lo que la arquitecta nos propuso fue pasar diez días en un museo, dieciséis arquitectos, modelando barro para, a través de este ejercicio plástico y manual, proyectar todo un programa de “necesidades” (una escuela, unas viviendas, un training center, y algo más) para una comunidad en Zimbabwe de la que no conocíamos prácticamente nada, ni falta que hacía, puesto que nuestra intuición nos guiaría hacia el camino correcto (y son palabras muy literales). Mientras, una lista de música africana sonaría de fondo y en algún momento del taller visitaríamos una tienda africana para inspirarnos en la decoración.

La primera pregunta que lanzamos fue dónde quedaba ese primer punto del “Manifesto for a humane design culture”, iniciativa de esta misma arquitecta, que considera fundamental en todo proceso de diseño arquitectónico centrado en las personas, partir de la “colaboración ojo a ojo”, la comunicación cercana y real. Preguntamos también por la posibilidad de entablar alguna vía de comunicación con esta comunidad a través de internet, puesto que existen muchos ejemplos de proyectos cuyo objetivo ha sido precisamente aumentar esa capacidad de comunicación de comunidades más aisladas, para así superar la retaila de prejuicios que se pueda tener sobre lo desconocido. Pero nos aseguraron que la comunicación con esta comunidad de Zimbabwe, aún siendo lo más deseable, no era posible.

El planteamiento de pasar diez días sin abrir el ordenador, sin estrés, produciendo modelos espaciales de barro, a diferentes escalas y sin buscar una solución final, sólo como proceso creativo, de experimentación plástica, me hubiese parecido genial (aunque para eso no hacía falta montar esa expo), si no fuera por el pequeño detalle de tener que pensar mientras modelabas barro que ahí dentro, en esa forma que te acababas de inventar a sentimiento, podría vivir o pasar mucho rato alguien que no te has molestado en conocer ni en preguntarle cómo quiere vivir. Ni siquiera el dato de proceder esta iniciativa de un pequeño centro de permacultura instalado en la comunidad se tuvo en cuenta. Porque proyectar o construir con tierra no es igual a construir según los principios de la permacultura. Existe un manual de diseño para la permacultura muy extenso al que nadie hizo referencia en todo el taller. Te puede gustar más o menos este manual, pero no hacerle caso, siendo el eje principal de la comunidad para la que proyectas, me parece algo más que cuestionable.

Estuve tres días de los diez que duró el taller, por curiosidad y porque aún mantenía la esperanza de poder conversar directamente sobre lo que se estaba produciendo al proyectar así, conversar sobre sus consecuencias. Quería hablar sobre ello para que todos fuésemos conscientes, y luego ya cada cual que elija. Pero no, no era posible esa conversación, por si coartaba la creatividad, por si enjuiciaba lo bueno y lo malo. “Don´t think, just do it” era el lema, mientras la música africana sonaba de fondo. Así que la comunicación entre nosotros tampoco era posible.

Era como la reproducción de ese taller artesanal donde el maestro le pide al aprendiz que confíe porque al final lo entenderás todo, al final será evidente por todos. Es para mí éste un modelo de enseñanza que no tiene nada de colaborativo y en el que el maestro no modifica un ápice el programa con el que viene. Al no construir el taller junto a los alumnos y hacer que estos acepten modelarse al programa, no está educando gente activa, crítica, propositiva, que construya sus propios modos de hacer y su propia ética.
Al contrario, lo que se educa es gente que sabe hacer a la perfección lo que se les pide, que suelen ser partes de un proceso diseñado por otros y cuya ética ni siquiera es necesario que te la plantees: Don´t think, just do it.

Hacía también referencia a conectarnos con nuestra intuición de la infancia, esa que al parecer, desprovista de la deformación cultural, es común a todos los seres humanos. Le preguntamos si creía que si todos los arquitectos proyectasen desde la intuición más conectada a su infancia, el producto resultante sería beneficioso para la humanidad. Y contestó que creía que sí. De hecho, días después (yo ya no estaba para verlo) pidió que unos niños que habían ido a visitar la expo, se pusieran a modelar junto a los arquitectos.

Aquí es donde llegamos para mí a toda una serie de extrañas mitificaciones de la creatividad y la inocencia en la edad infantil. La edad infantil como estado del ser humano de la que aprender mucho sencillamente por sus diferencias con la adolescencia o la edad adulta, es un tema que me ha interesado tanto que he formado parte de proyectos que trabajaban con el niño como usuario o como sujeto político. Soy consciente de todo lo que se puede aprender investigando esta etapa de la vida, y creo que a poco que se profundice se supera cualquier idea de que en la infancia somos más intuitivos o más creativos que en la edad adulta. Lo que pasa es que en la infancia no tenemos miedo a inventar.

El último libro que me han recomendado sobre este tema, “La imaginación y el arte en la edad infantil” de L.S.Vigotsky, habla claro sobre esto: tendemos a pensar que la imaginación de un niño es superior a la de un adulto a pesar de que la creatividad nos viene por las vivencias personales y ajenas, por tanto las de un niño son muy escasas, pero los niños no tienen miedo a expresar e inventar, y eso lo van perdiendo a medida que crecen.”

Así pues, si se trataba de entrenarse en perder el miedo a inventar, me hubiese parecido perfecto. Pero eso no es igual a decir que proyectemos tratando de conectarnos a un yo infantil, más intuitivo, menos racional, más inocente.

La arquitectura no es inocente. Un muro impide el paso en una dirección. Unas formas cavernosas obligan a habitar de una manera y no de otra. Unas geometrías tanto formales como decorativas, representan una estética con la que te puedes o no sentir identificada...nada de eso se va a tener en cuenta desde nuestra edad infantil.

¿Qué cuáles fueron los resultados de este taller? Como digo lo dejé al tercer día. Pero para entonces ya habían maquetas facetadas tipo piedras con cavidades interiores, estaba también el jarrón cerámico sobreescalado, las cubiertas piramidales, el árbol, el queso gruyere y algo muy parecido a un Guggenheim pero de barro. Y es que el proceso de diseño del Guggenheim, esa arquitectura icono que al parecer ya no necesitamos, fue muy parecido al proceso de diseño de estas maquetas, (conste que a mi el Guggenheim me emociona y que lo considero un producto que cumplió la función para la que se compró. La perversión fue querer repetir esto luego en cada pueblo). Se puede ver en el famoso documental, como Gehry le indica a su maquetista que recorte cartulinas y las vaya disponiendo de diferentes formas...hasta que la intuición del arquitecto le dicte que esa es la forma idónea. Gerhy al menos nunca ha dicho que su proceso de diseño arquitectónico fuese colaborativo o social.

La endogamia y el autismo místico para proyectar arquitectura han hecho y siguen haciendo mucho mal en el desarrollo de una profesión que acaso pudiera ser útil para la sociedad. Yo también he proyectado desde ahí, vi las consecuencias y decidí que debía replantearme mis modos de hacer. 

Ir con un catálogo de esculturas de barro a una comunidad de Zimbabwe para pedirles que elijan la que más les guste, que total no lo van a pagar ellos sino la comunidad europea, no me parece la mejor manera de fomentar el desarrollo ni la innovación entre dicha comunidad. Es lo mismo de siempre, vendedor y consumidor, pero más perverso aún al tratar de disfrazarlo de otra cosa.

Total que dejé el taller, y me pasé al underground de la ciudad, a vivir un poco de cerca esas manifestaciones de transformación de la ciudad por sus habitantes, como El Campo de la Cebada, Bestiario, el movimiento Stop Desahucios, la Casa de los Jacintos...que en algunos casos han sido transformaciones iniciadas por personas con conocimientos arquitectónicos, antropólogicos, de derecho, de economía, de agroecología o de fontanería...pero que además de eso son vecinas y vecinos del barrio, que disfrutan y sufren la ciudad, que detectan deseos, necesidades y conflictos de los habitantes, y se ponen a trabajar para aportar soluciones, considerando este trabajo una oportunidad de innovación social y siendo conscientes de que en algún momento  deberán negociar con el poder, para lo cual deberán saberse muy bien las normas del juego, las leyes, los derechos y las obligaciones políticas de todo ciudadano. Pude comprobar que están en ello y merecen toda mi admiración. De ell@s quisiera aprender.

Experimentos domésticos: el Hogar


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Hace tiempo escuché a alguien decir que en el estudio de arquitectura donde trabajaba, una casa antigüa de una ciudad de Irlanda, tenían estufa de leña, y la encendían cada mañana. Quiero imaginar que no la encendía siempre la misma persona, sino que cada semana se encargaría alguien del equipo, no sólo de encender, sino también de mantener el fuego a lo largo de todo el día. Es una buena manera de hacer equipo, pienso. Y aunque sea más incómodo, menos eficiente que una calefacción completamente automatizada, tiene ese rastro de las labores cotidianas que alguien hace no sólo para sí mismo, sino para el común, algo que requiere un poco más de implicación, de arte, de capacidad de gestión de las labores domésticas compartidas, que pulsar un botón. Y eso que yo no soy una nostálgica de tiempo pasados; para mí es importante tener la posibilidad de pulsar ese botón, de manera que sea una elección consciente y no una imposición el calefactar un espacio con leña.


En el pasado no había elección, y así en muchas arquitecturas populares el hogar, el sitio donde se hacía la lumbre, que era a la vez chimenea y cocina, era el centro neurálgico de la casa, en torno al que se disponían todos sus habitantes. Así era en la casa de lo mineros, una construcción de 1888, donde la vida era bastente penosa, y ese rincón sería seguramente uno de los pocos donde tendrían algún momento de descanso. Sobre esta casa actualmente realizo, junto a un equipo de Silerus, un proyecto (no sólo) de rehabilitación, que incluye la reconstrucción de la chimenea-hogar, haciendo convivir, no sin tensión, sus huellas, su ruina, con nuevas tecnologías, para que sea a la vez un objeto capaz de transmitir las historias de la casa, así como una tecnología doméstica que cumpla su función de una manera más eficiente que en el pasado.
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Del lado de la arquitectura de arquitectos, una de las casas que más me intrigó al descubrirla es la Casa Vanna Venturi, que Robert Venturi proyectó para su madre, siendo construida entre 1962-1964. Es una obra que el arquitecto aprovechó para experimentar formalmente aquello que estaba investigando. Pudo ser así porque la cliente era su madre y confiaba en él. 
En esta obra la chimenea-hogar es uno de los elementos clave, no por su funcionalidad, sino principalmente por el simbolismo de su imagen. De hecho en el proyecto inicial su escala era mayor. Y es que toda la obra es una elección de elementos considerados por la disciplina arquitectónica del momento como ordinarios o extraordinarios, (lo cual formaba parte de su investigación en “complejidad y contradicción en la arquitectura”) puestos en tensión por los requerimientos del programa: debía ser la vivienda de una mujer anciana, amante del arte y la arquitectura y de los muebles que había ido recopilando a la largo de su vida. 



Más de cien años después de la Casa de los Mineros, y cincuenta después de la Casa Vanna Venturi, los habitantes de una masía en la aldea Cabranes, Asturias, han iniciado un proyecto de vida en la incomodidad de un mundo realmente rural. De esos mundos donde la industrialización casi ha pasado de largo, y ahora llegan con dificultad algunas nuevas tecnologías, y con sorpresa, algunos nuevos habitantes. Son habitantes que han vivido la experiencia de las grandes ciudades, incluyendo la experiencia de ser Okupas en lugares que mientras existieron fueron emblemáticos para parte de sus ciudadanos. A diferencia de los mineros, estos habitantes si han elegido estar ahí, entre otras opciones posibles. Y algunos de ellos saben que es un proyecto idealista, pero quieren estar ahí experimentando en primera persona todas sus implicaciones.
A mí esta separación tan radical entre lo urbano y lo rural me incomoda, y me gustaría que se superase empezando a hablar de otras realidades ruralcosmopolitas y viceversa, tendiendo mucho más a esa idea de metápolis de Françou Asher. Así este proyecto sería un nodo dentro de esa metápolis, que estaría compuesta por una red de grupos de personas que se han querido organizar para experimentar sobre entornos concretos, y compartir sus experiencias y conocimientos. Aparecerían los mapas de hipercontextos u otras nuevas representaciones, que necesitarán nuevas herramientas conectivas para construirlas.
Por eso prefiero definir esta masía más como un laboratorio-residencia artística, que como un proyecto de ecoaldea. Lo primero tiene la emoción de un lugar donde se experimenta y por tanto de donde pueden surgir nuevas modos de producción, en diferentes formatos: artísticos, domésticos, didácticos, corporales, tecnológicos...

Un ejemplo sería la estufa de leña realizada a partir de una bombona de butano reciclada y sin soldar, que versiona a las míticas estufas modelo Salamandra. Está expuesta en Re.HOgar13. Es evidente que no estamos hablando de un avance tecnológico. Aunque el objeto funciona bien, y sale más barato que comprarte una modelo Salamandra, el valor de este objeto es que es un diseño extremadamente reflexivo. Nos cuentan que la miras encendida y estás a la vez a gusto por el calor y en tensión porque mantiene el símbolo de la bombona de butano. No se han ido al campo a vivir tranquilos, están experimentando, están activos buscando otras maneras de hacer las cosas, y la creatividad necesaria para ello a veces requiere estar incómodo, estar en cierta tensión.



Quizás parezca que aportaciones de esta escala son demasiado menores para producir cambios significativos en lo arquitectónico, en lo político. Pero en la Guía SUB-Plan: A Guide to Permitted Development los autores se hacen la pregunta: are the implications of minor development more significant than planners imagine?" . Uno de los ejemplos de las transformaciones que estas actuaciones pueden provocar sobre lo construido, poniendo en tensión los límites de la legalidad, habla por sí mismo y se articula en torno a las chimeneas.
Para experimentar hay que poner cosas en tensión, y el hogar, entendido como casa y, en este post además, como lugar donde se hace la lumbre dentro de una casa, es un campo de experimentación realmente fértil por todas las implicaciones que tiene diseñar formas de habitar.

En las próximas semanas yo mantendré la estufa de leña de la casa en la que vivo. Me encantaría hacerme un día alguna como la de Re.colectivo para otras parte de la casa. Aunque ya puestos trataría de hacer una versión mejorada, De momento, puedo ya reafirmar la frase que oí decir a una anciana cuando le preguntaron si no tenía miedo de quedarse un día aislada en la casa y sin leña, a lo que ella contestó: “la leña calienta tres veces, cuando vas a cortarla, cuando vas a recogerla, y cuando la quemas”.
Y de paso experimentaremos otras formas de calefactar, que liberen de la dependencia de un único sistema o fuente energética.
 

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Hace poco me contaron la razón por la que se construyó un lago artificial bajo un puente en el Jardín del río Turia, en Valencia. Se debió a que durante un tiempo bajo ese puente se concentró una cantidad de sin techos lo suficientemente elevada como para considerarse un problema.


Mientras que algunas personas iban allí a dejar ropa, mantas, colchones y otros utensilios que pudieran ser de utilidad en ese contexto, otras proyectaban un lago, una superficie de agua que hiciese ese trozo de ciudad inhabitable por el ser humano.


Seguro que alguna mente fantaseó con la posibilidad de que, tras el desalojo de los sin techo y la construcción del lago, se construyesen chozas flotantes, al estilo de los habitantes de La Bañera, o chozas colgantes del puente, al estilo de ya sabes que famoso puente, o incluso que se construyese un puente bajo el puente…
y no porque esa mente fantasiosa piense que lo mejor para una ciudad es que la gente viva bajo sus puentes, sino porque simplemente es una realidad que existe gente tan necesitada como para hacerlo, y la solución no puede ser borrarla de las áreas de la ciudad donde no queremos verla.
No puede ser, pero es una solución muy común de los políticos al mando, seguramente porque el borrón y cuenta nueva es mucho más rápido y simple que la complejidad de un verdadero proyecto de rehabilitación sociológica, económica, arquitectónica, ambiental de una zona. Ciertamente lo último es muy complejo y requiere la habilidad de mirar de cerca, o mejor dicho, de interactuar de cerca con la realidad, sin negarla. 

En Alicante, la alcaldesa explicaba bien claro la razón por la que mandó demoler la plaza de Balmis: «El problema no era la plaza de Balmis, sino el ambiente que se había creado».

Se refiere a que era un plaza habitada principalmente por prostitutas y las visitas de sus clientes. Y al parecer, para dejar de ver esa realidad en la plaza existente, había que dejar de ver la plaza, había que demolerla, había que dar una nueva imagen, incompatible con la historia reciente del lugar. De esa historia no debe quedar ni rastro. Bueno, sí, algún azulejo


Yo, que nací en Alicante, nunca he tenido un vínculo afectivo por esta ciudad en sí, tal vez porque había que fijarse demasiado para encontrar el rastro de sus historias, de todas las que ocurrieran. Tal vez es eso, que no me fijaba lo suficiente. Quizás quede algún azulejo incrustado entre el nuevo hormigón de la plaza, que servirá a esos que sí se fijan y se empeñan en gritar que ALicante si tiene historias, y que no borrarlas ayuda a tener vínculos con ella.


Para las que no gritamos tanto por esta batalla (que por otras sí), lo que nos queda es fantasear. Ahora me imagino que alguien se hiciese con fragmentos de la plaza derruida, con azulejos de colores, y que reconstruyese una reinterpretación de la plaza en otro lugar. Y ahora me debato entre  que se reconstruye sobre la misma plaza del ayuntamiento o en medio del bosque. 

Confío en que existen soluciones mejores al borrón y cuenta nueva, que no son su opuesto, la conservación exacta y fiderigna de lo que hay. Mirar de cerca es una de las maneras de salirse de esos extremos, que en mi opinión, simplifican la realidad tanto que hacen que deje de ser humana.



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Hace ya más de un mes fuí invitada a una “mesa redonda” (en realidad era muy rectangular) en la localidad en la que vivo, Jacarilla. Junto a seis mujeres más y un hombre, hablaríamos, desde nuestra experiencia directa, de la relación entre género y el desarrollo de nuestras profesiones, o labores diarias...

Fue emocionante escuchar el relato de cada mujer y el del hombre, (que es mi primo Normando, con su proyecto de investigación sobre género y agua, desarrollado tras una experiencia en el Salvador).
Lo mejor fue conocer más las diferencias y los puntos comunes con las que son mis vecinas.

Mari Carmen, organizadora de aquella mesa, me pidió continuar lo que conté, en otra charla que tiene lugar esta tarde a las 20:00h.

El título que puse a esta charla ha sido: “Otras formas de hacer arquitectura. Desde lo micro, lo múltiple y lo existente”. Mari Carmen me sugirió cambiar el título por: otros modos de construir....para que fuese más dirigido a la población de esta localidad, con pocos arquitectos pero con muchos constructores.

He de confesar que, por alguna confusión mía, yo pensaba que la audiencia sería otra (en otra localidad, con otra asociación). Por eso contesté que no lo quería cambiar, porque de lo que quería hablar era de la diversidad de formas de ejercer labores que estén directamente afectando a los modos de construir y de habitar el entorno, y que todas ellas son modos de hacer arquitectura.

En definitiva quería hablar de la infinidad de tareas que hay por hacer, de las infinidad de posibilidades de acción que existen, de la diversidad de habilidades y conocimientos que hemos adquirido o vamos adquiriendo, que nos permite trabajar en campos de acción diversos (a unos más que a otros)....

Pero claro, tratándose de un pueblo de constructores...he decidido focalizar la charla en todo aquello que atañe directamente a la construcción, sus oficios, sus recursos (tecnológicos, materiales, humanos), y sus servicios.

Y para ello voy a utilizar como eje de toda la explicación la propuesta de proceso de rehabilitación de La Casa de los Maestros, un Bien Público de Relevancia Local, en Jacarilla, que desarrollamos a petición de las actuales concejalías de cultura y urbanismo de esta localidad.


Creo que es un buen ejemplo para explicar estos otros modos de hacer arquitectura, diferentes a los que propusieron hace unos años un estudio de arquitectura para esta misma casa. Su propuesta consistía en demolerla y construirla de nuevo con otros materiales pero que (al menos en fachada) reprodujese la forma original.

La propuesta, de lógica (y sensibilidad) radicalmente opuesta a la demolición, que expondré en la charla, fue un trabajo realizado por María Conesa Sánchez, Sergio Ceballos, Jose Milara, y Normando Sánchez Javaloyes, desde la plataforma Proyecto áSILO. Fotografía de María Conesa Sanchez.

Hablaré siguiendo las palabras clave que ya usé en aquella mesa: trabajar desde lo micro, desde lo múltiple, y desde lo existente, que ya sé que esto es muy genérico, pero para eso todo se vertebrará con ejemplos.

Y para que este post no sea infinito, tras la charla y el turno de preguntas y respuestas con mis vecinos, colgaré en un post el resto de la exposición y las conclusiones.
Aquí unicamente una imagen y una pregunta:



CiudadanosArquitectos, entre otras cosas

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Una pequeña lista de ciudadanos, que por su actitud, más que por sus competencias, son también arquitectos...

1_Hace unos años conocí a un joven periodista cuyo afortunado trabajo consistía en actualizar una famosa guía para viajeros de las ciudades españolas. Para realizar dicho trabajo debía, más que viajar, explorar las ciudades a las que llegaba, en busca de aquello que en aquel momento, de forma más viva y verdadera, estuviesen construyendo las identidades de dichos lugares.
Realizaba derivas, no tan delirantes como las de los situacionistas, pero llenas de posibilidades, de encuentros con el accidente, con lo inesperado, con lo oculto.
Debía de observar mucho la vida cotidiana y los usos que se hacían de los espacios donde ocurrían las cosas más interesantes, por ser propias del lugar. Debía describir no sólo la actividad si no también el ambiente y el espacio en sí mismo, para transmitirlo al viajero.
Si una de las tareas del oficio de arquitecto es estudiar las condiciones y conexiones de los contextos en los que trabaja, entonces es directo considerar que este chico está haciendo una labor periodística y también arquitectónica.
Por eso le dije que la suya era una tarea multidisciplinar y multifaceta: de periodista y de arquitecto, de ciudadano y de explorador.

2_Algunas de las anécdotas que nos contó Curro Clavet vividas en bares, en una de las conferencias de Los Viernes al Sol, (a partir del minuto 1:14:47) también son propias de esta tarea multidisciplinar y multifaceta, de ciudadano arquitecto que observa activamente los espacios en los que vivimos, para poder comprender por qué nos sentimos mejor o peor, más presentes, más atentos, más vivos, más reconocidos, más juguetones, ...en unos espacios que en otros...
En su lista describe un almacén sin licencia de bar, que él y sus amigos llamaban "bar humedad", en un sótano con las superficies sucias y pegajosas. Un lugar verdaderamente incómodo según los estándares de comodidad, con un grado de prohibido...que hacía que regresasen, y sobretodo, que tengan más recuerdos de las horas pasadas en ese lugar que en otros bares más convencionales y cómodos.


3_El libro que estoy apunto de terminar de leer ,y de pasear con la mirada, se titula "Crónicas de Jerusales", de Guy Delisle. Es una novela gráfica. (imagen de inicio del post)
La tarea realizada por el autor aquí es también la del paseante y dibujante de la vida cotidiana. No hace más que dibujar sus experiencias propias, sus paseos y su curiosidad por el país en el que le ha tocado vivir por un tiempo. Manifiesta no tener pretensiones políticas con el libro, no hay reflexiones posteriores a las experiencias vividas...son, una y otra vez, anécdotas gráficas de una vida cotidiana verdadera en un lugar que rara vez se nos muestra dese ahí. Y esa creo que es su radicalidad, y su política propia.
Yo le reconoczco como dibujante y arquitecto, ciudadano y explorador de la ciudad que habita.

4_Como ciudadana arquitecta ha habitado Julia Alonso los aseos de los edificios públicos. Ha sido alumna del curso de proyectos cero ProVocaciones, en la universidad de alicante. Esta alumna lo que ha hecho es secillamente construir lo que necesitaba para, según sus propios deseos, habitar más feliz la ciudad.
Se construye los elementos que le permiten domesticar su relación con la moda, y el cuidado del cuerpo, de manera que puedan "engancharse" a las infraestructuras públicas existentes y dotarlas de identidad propia durante el tiempo que las esté usando. Un aseo cualquiera pasa a ser "el aseo de Julia".
La referecia al proyecto "La chica nómada de Tokyo" la conoció después de plantear sus propios deseos como habitante arquitecta.
Sería éste un proyecto hipermoderno por cuanto alimenta la individualidad de los sujetos que desean poder construir su identidad allí donde viven, y a la vez lo hacen transformando los espacios, de públicos (gestionados unicamente por el poder) a colectivos (gestionados en cierto grado por sus habitantes), con tecnologías individuales y normas colectivas.



3_Con este post quiero iniciar una nueva sección en el blog: CIUDADANA_ARQUITECTA. Porque yo también tengo esa tendencia a observar los lugares en los que habito, para comprender por qué me siento muy bien o muy mal en ellos. Y también cómo podría mejorar la calidad de ese habitar.

De momento la lista de lugares y experiencias vividas en ellos que he descrito en este blog, son tres:
1_Japón al Ocho y Medio y viceversa
2_Hostal de Sal, un lugar muy DIWO
3_La Chica Nómada Hipertexto

Chica Nómada Hipertexto

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Este proyecto se inició oficialmente el 12 de mayo de 2012, en un pueblo de Cartagena, con tres arquitectas (una de ellas, yo misma) y un ingeniero fotógrafo. La lista de Chicas Nómada Hipertexto la conforman por ahora:
-María Conesa Sánchez
-Paula Ferrando Julià
-Alberto Vicente Mayo
-María Gómez Javaloyes

Lo que se produjo en dos días fué:

1
-tres registros gráficos de las maletas y sus contenidos, con las que se desplazan y habitan a lo largo de la semana, tres personas, que viven en el territorio del Levante.
2
-Instalación de un campamento en torno a -conectado a- un Eucalipto, la casa de la abuela y los corrales del padre del María Conesa Sanchez.
Conexiones:
-----------------Toma de corriente eléctrica de la casa de la abuela.

-----------------Toma de agua de los bebederos de los corrales
-----------------Puntos de descuelgue de las ramas del eucalipto.
El campamento se configura espacialmente con elementos que han podido transportar sus habitantes (fuera de sus maletas) o que se encuentran en el lugar, que tengan la capacidad de dar forma a espacios identificativos, aún de forma precaria e intuida, para sus habitantes.
El proceso de negociación sobre cómo y donde se disponen, es parte clave del proceso. Las interacciones entre las identidades espaciales creadas serán muy deseables.
3
-Registro audiovisual de relatos de la vida cotidiana de las habitantes del campamento, desplazandose por los espacios creados, llenados de sentido por nuestros objetos cotidianos, encontrando sitios donde estar temporalmente.


Es uno de esos proyectos que se plantean en un arrebato histérico colectivo, ero que proceden de muchas reflexiones y experiencias pasadas, que aquí toman forma y se conectan, con la capacidad de ser un caldo de cultivo fértil para la proyección, la negociación, la acción, la conversación, el encuentro, el desencuentro...

Es un proyecto abierto y con vocación de continuidad. Éste sólo ha sido el primer campamento-instalación. De aquí surgen los primeros relatos construidos en torno al campamento y a nuestros objetos cotidianos, los justos, los que van en nuestras maletas.

Aquí pongo el texto enviado al concurso que nos ha servido de excusa para poner fecha de inicio a este proyecto:

"La Chica Nómada Hipertexto" es un espacio para construir relatos cotidianos de las personas que vivimos las condiciones de eventualidad y multipertenencia social y territorial, (continuando con las reflexiones del sociólogo François Asher) y que sentimos la necesidad de indagar sobre la pregunta: ¿Cómo podemos habitar y trabajar los territorios físicos y virtuales en los que vivimos?

La Chica Nómada Hipertexto" retrata las maletas con las que estas personas viven, se mueven y trabajan en sus territorios, ofreciendoles participar en la construcción del espacio físico individual y común, donde desplegar sus objetos personales, tratando de fortalecer así, desde un proyecto de habitar colectivo, la identidad propia.

Se inicia así, de forma simbóloca, la construcción de nuestros "Cuartos propios conectados" (Remedios Zafra), que ya no pueden ser sólo virtuales, porque nuestro cuerpo físico reivindica el trazar conexiones emocionales con nuestro entorno próximo.

La instalación se plantea como un campamento nómada, que se movería por el territorio del Levante, conectándose de forma precaria con el entorno físico inmediato en que se asiente temporalmente. Se propone en proceso de transformación, sumando y construyendo relatos en su deriva.Aquí se entrega la primera parada del campamento, junto con el proyecto de tres relatos, en formatos video, foto y narración en audio. "



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