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Comunidades Resilientes

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Poco depués de escribir este post, conocí la existencia de la página "Ressilient Communities", que comparto aquí, y que me dispongo a conocer más en profundidad. También he conocido la existencia del libro-guía: "El arte de vivir ecológico", a través de este post, del que extraigo:
"recetas, dirigidas directamente al “individuo” para aplicar en los ecosistemas de su cuerpo, su vivienda, su ciudad o su región y que interaccionan con el ecosistema general, de manera que el mismo individuo puede llegar a ocuparse de toda la sociedad de la que es ciudadano."

Esta foto podría formar parte del imaginario de la Ciudad Sion, el único entorno real dentro del futuro que plantea MATRIX . (También podría ser la foto de una indigente, pero esto seguiría iendo acorde a la precariedad del mundo de Sion)
En la foto estoy en uno de los talleres en desuso del territorio en el que vivo desde hace unos meses, la Vega Baja del Segura: una especie de metápolis de pueblos salpicados entre cultivos y naves industriales de todo tipo, principalmente del sector de la construcción, en estado de abandono algunos, y muchos funcionando, no ya como las grandes naves que fueron, sino como pequeños talleres familiares.

Vuelvo a la foto porque, lo que quiero señalar en este post es mi deseo de no contribuir a ese preciso imaginario de MATRIX, no al menos desde esa simplificación de los conflictos que identifica y separa tan claramente a los buenos de los malos.
 No me gusta proyectar la imagen de una persona perteneciente a una especie de grupo antisistema (todos lo que se tomaron la pastilla de MAtrix), con aspiraciones liberadoras no sólo de ellxs mismxs, sino más allá, de la propia sociedad que les rodea.

Me parecería más deseable proyectar un imaginario con los ingredientes para configurar Comunidades Resilientes. Enumero aquí, sin rigor alguno, alguno de esos ingredienes:

1_Redes de personas y comunidades distribuidas en "Ciudades Sion" (no una, sino muchas).
AL respecto, me decía hace unos días la concejala de fomento y empresaria del pueblo en el que vivo, que por experiencia sabe que el futuro, al menos en este territorio, no serán las grandes fábricas sino una red distribuida de pequeños talleres, por su mayor capacidad para adaptarse a los cambios, su mayor resiliencia. Ella lo ha vivido en sus propias empresas-talleres.
Pequeños talleres, o pequeñas casas-taller-huerta, como la Cooperativa Okambuva´en la finca Maria Cristina, donde pasé una semana este verano, o el Sistema Dinamo, en el Laboratorio de Campo de Arrsa.

2_No sólo se movilizan, colaboran o negocian entre sí, sino, mucho más allá, se movilizan, colaboran o negocian con el medio, contexto, que les rodea, observando su identidad, tratando de comprender su realidad construida socialmente, sus instituciones así como sus recursos innatos, para elaborar proyectos desde ahí.
Ésto no se realiza como dogma de fé, sino por progresivo convencimiento, desde la experiencia directa, de que las estrategias de colaboración dan posibilidad a una economía de la abundancia, y un aprendizaje al respecto de la gestión de dichas estrategias...

3_Espacios donde se dan las condiciones para trabajar y elaborar Sistemas Resilientes que dan como resultado productos o servicios deseables para las personas-instituciones que deseen adquirirlos o construirselos. Un ejemplo de experiencia personal que encuentro para esto, está en los modos de hacer de Proyecto áSILO, que en su trabajo, uno de los ingredientes básicos, es facilitar la aparición de esos espacios donde otras tecnologías, otros oficios, otros modos de colaborar sean posibles desde la experimentación, investigación, y reversionado.
Lo que cada comunidad busca resolver es su propia capacidad de autogestión sostenible, por eso tenderá a desarrollar sistemas con capacidad para absorver los cambios por sí mismos.

4_Comunidades conscientes del sistema económico que están generando o que están contribuyendo a construir con sus modos de vida, pero también muy necesariamente, con los productos y servicios que lleguen a ofrecer al propio mercado.

5_...

Bueno, es tan generalista lo que estoy escribiendo que lo dejo aquí. Hay mucho escrito por otrxs, (en mi red cercana, quién más a escrito sería colabores). Yo sólo quería conectarlo a mi experiencia vital y laboral reciente...por eso de que este blog es un sombrero de viaje donde ir anotando las reflexiones del proceso en marcha.

Pero a partir de ahora la intención es desarrollar estos temas desde lo más concreto y específico que pueda, precisamente desde los productos, o servicios que estemos produciendo: desde el diseño y nueva construcción de un taburete, a la reparación de uno existente, al plan de reactivación y reforma de una azotea, al plan de reactivación y rehabilitación de una casa de 1920...
También desde las herramientas para la gestión de equipos, los planteamientos económicas de las formas de trabajar y proyectar en las que estoy inmersa en estos momentos...

En fín...comienza mi masterDIWO 2013.

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Sobre lo que pueden aportar los espacios físicos de encuentro para proyectos colectivos, cuando sus políticas de habitabilidad tienen las condiciones propicias para constituirse en laboratorios de experiencias, donde sea posible la conversación, tal y como lo escribe Enrique Nieto en su tesis, "Prescindible Organizado".
En este post hablaré de la experiencia de sacar una clase de universidad al Patio.


La clase de Proyectos Zero (facultad de arquitectura, UA) del grupo ProVocaciones, tenía asignada el aula 010, del edificio de óptica del campus UA. El aula 010 era por tanto el espacio físico en el que nos debíamos encontrar cada viernes, alumnos y profesores a las 11:00h, y permanecer allí hasta las 15:00h.

Era también el espacio físico en el que se debía producir aprendizaje arquitectónico, disciplina que, por otro lado y entre otras cosas, trata el estudio del espacio físico y todo lo que acontece en él.Parece normal que nos preguntemos entonces cómo se (re)construyen y habitan las propias aulas.

MI compañero docente, Rafa y yo, tratamos de reconfigurar y rehabitar la clase desde el aula asignada, a través de unas dinámica que llamamos “proyectar el momento”.
Pero pese a algunas sensaciones iniciales muy buenas, lo cierto es que a mitad de curso la clase no estaba funcionando. En general mi sensación era la de pertenecer a un grupo de gente que debía encontrarse todos los viernes entre esas cuatro paredes, de forma obligada y antinatural. No existía un ecosistema ni real ni fantaseado, no existía un por qué para el aprendizaje natural y esto era agotador.

Puesto que no sabíamos cómo resolver esta falta de naturalidad, de fluidez de pensamientos, acciones, …decidimos salir a un espacio donde al menos la atmósfera fluyese más, el viento, el cielo descubierto, la vegetación, los recovecos…Decidimos resituar la clase en un patio con unas condiciones muy singulares, entre ellas, no haber sido utilizado nunca, no haber sido nunca un espacio de acción.

Este acto supuso el inicio de la construcción colectiva de un espacio común, físico, del que se fueron adueñando los propios alumnos, y nosotros mismos, que ya percibíamos el aula Patio como un lugar en el que desear encontrarse lo viernes de 11:00 a 15:00h, para compartir inquietudes respecto al aprendizaje y la producción arquitectónica, en general, y de modo más particular, respecto a la gestión y reversión de lo residual propio de un entorno.

A continuación el video de la primera clase que dimos en el patio:



Reflexionando sobre el por qué nos sentimos tan bien trasladando la clase al patio durante la mitad de curso, he llegado a la conclusión de que se debía a una serie de transformaciones que este hecho producía:

La clase como un taller ciudadano:
El Patio es un espacio reconocido como público, y por tanto, compartible por personas ajenas al grupo inicial de alumnos y profesores universitarios. Las bedeles, las señoras de la limpieza, el resto de alumnos y profesores del edificio, ya no podían mantenerse al margen de lo que ocurría en nuestra clase, puesto que afectaba a un espacio público al que ellos tenían acceso diariamente. Unas veces aumentó la complicidad con el resto de usuarios del edificio, y otras veces el conflicto, pero en ambos casos, la clase ya era un espacio físico de discusión política y conflictos cotidianos desde los que proyectar.
También la invitación a pasarse por el Patio a personas ajenas a nuestra clase, pero con interés por los temas que estabamos tratando, se nos hizo mucho más natural, y desde entonces empezaron a aperecer personas, libremente, en cualquier momento, y que podían aportar lo que quisieran.

La clase como el garaje de casa, abierto 24h todos los días del año:
Esta accesibilidad al espacio común a cualquier hora de cualquier día de la semana permitió que algunos alumnos lo adoptasen como su lugar de encuentro y de trabajo, sucediéndose situaciones como las del día que unos alumnos durmieron en el patio, o que una alumna estuvo en clase en zapatillas de andar por casa…Por fín, estaban apropiándose de su aula.

La clase performativa:
En clase de proyectos se hizo arquitectura,no sólo se conversaba sobre ella. Se puso en carga allí mismo, en las transformaciones que cada semana se iban sumando el patio, a través del despliegue de los proyectos de los estudiantes que lo transformaba en algo vivo, cambiante. De repente se llenaba de montañas de algas en una esquina, y en otra opuesta de cintas de video tensadas y vibrantes.


Otros grupos de proyectos también sacaron algunas de sus clases fuera del aula, como por ejemplo la clase de Rubén y María que la llevaron al centro cultural 8 1/2 de Alicante:





Hace poco, LaPeriferia nombraba en un post muy largo y muy interesante, la clase que se dió en la calle, un día de huelga del sector de la educación, para debatir, en la propia clase y en el propio lugar de la acción, sobre dicho tema.

Pedro se preguntaba si este acto de desplazamiento hacia los lugares de acción podía ser un paso hacia otros modelos de aprendizaje. Y yo, después de la experiencia vivida, digo que sí (sin pretender contener la verdad universal, unicamente construir mi verdad)

Recién llegada de pasar 24horas de talleres y acontecimientos en el CSA Al Trajín, mi respuesta afirmativa se hace aún más contundente. Pero de dicha experiencia hablaré en un próximo post.

Termino haciendo referencia a lo que respondió Curro Claret, en uno de los viernes al sol, ante la pregunta: ¿Qué es la universidad?. Respondió hablando de una tribu del amazonas, que cada diez años se trasladaba de lugar donde vivir, no por sobreexplotación de los recursos locales o cualquier otra causa física, sino porque este acto les producía un estímulo para no apalanzarse. Una autoacción que se imponían para mantenerse en movimiento, para dinamizar a la tribu.
Esto debía provocarse mediante el desplazamiento.

Estoy convencida de que, de haber continuado el curso, hubiesemos necesitado desplazarnos nuevamente a otro lugar. Quizás cada tres meses sea deseable hacerlo en un entorno como el universitario: trasladarse para estimularse.


De hecho, el último día del curso, todos los grupos de Proyectos Zero nos desplazamos, fuera de las aulas, fuera del campus universitario, a un solar autogestionado por el vecindario del barrio de Benalua en Alicante. Allí se celebró, a puertas abiertas, el "Burning Proyectos Zero festival".

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