Mostrando entradas con la etiqueta ModosdeHacer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ModosdeHacer. Mostrar todas las entradas
.
El penúltimo día del SOPA´14: Congreso Internacional sobre Educación y Socialización del Patrimonio en el Medio Rural, nos dimos un baño en las aguas termales de As Burgas, ciudad de Ourense. Es allí donde, desde mi punto de vista, vimos y fuimos parte de una escena que condensó en un mismo lugar las diferentes formas de construir y gestionar lo patrimonial o, como a mi me gusta entenderlo, lo común que a una comunidad le importa. Explorar esas distintas formas, cuestionarlas, retroalimentarlas...es el objetivo del SOPA, un congreso que pone el foco en las iniciativas que surgen desde movimientos sociales.

La escena sucedió en un lugar que hoy es entorno urbano, pero la discusión entre lo rural y lo urbano la dejo para otro día. También dejaré para otro día hablar de lo relevantes que me parecen los estudios que tratan de des-patrimonializar el patrimonio, por su origen y sus modos de hacer oficiales en general tan heteropatriarcales. En este post lo que trato es de aclararme un poco más sobre esas formas diferentes de entender la socialización y el patrimonio y sobre cómo eso se materializa en nuestras vidas y en los territorios que habitamos (y viceversa).
.


.
La imagen satélite superior corresponde a la zona As Burgas. En amarillo, el área correspondiente a un yacimiento arqueológico termal junto al centro de interpretación de las historias de este lugar. En azul turquesa, el área correspondiente a los actuales baños termales, acondicionados para uso público gratuito. En morado, la Rúa y la Plaza Burgas que aquel día formó parte del bicipaseo patrimonial dentro de las actividades de la fiesta histórica A Bela Auria, procedente de la iniciativa de asociaciones locales.

Mi punto de vista en esta escena era el de una turista dándose un reconfortante baño termal en las piscinas acondicionadas para tal fin. A un lado podía ver el yacimiento arqueológico considerado desde las fuentes oficiales el primer asentamiento permanente de la ciudad de Ourense. Al otro lado podía ver la plaza Burgas que fue una de las paradas del bicipaseo, lo cual permitió, a los que estábamos a remojo, escuchar las narraciones que los organizadores de A Bela Auria daban de las historias de este lugar, en especial la de Os Graxos da Burga. Fue posteriormente, conversando con uno de estos organizadores, cuando también descubrí que para algunos éste no es el origen de la ciudad.
.
.
Las Burgas tradicionalmente han sido tres fuentes termales: la Burga de Arriba (s.XVII), la Burga do Medio y  la Burga de Abaixo (s.XIX) que a lo largo de la historia han sido usadas de diferentes maneras.
El yacimiento de baños termales, que visitamos antes de darnos el chapuzón, fue descubierto en el s.XIX y es de origen romano.  Una pared recrea los estratos encontrados. La cartelería explica algo sobre los primeros usos romanos: la “balnea”, el “hipocausto”... y nombran los materiales que conforman cada estrato, junto a su época. Por despiste no fuimos al centro de interpretación donde, en principio, cuentan las historias que van detrás de cada uno de esos estratos o materiales. Seguro que me hubiese enterado de muchas más cosas pero me pregunto porque esa información no está integrada en esta pared de estratos. ¿Por qué sólo información sobre su materialidad? A la mayoría de las personas nos captan los relatos, no las listas de materiales. Relatos conectados con su materialidad, eso si. Luego está también esa cosa de mirar un yacimiento desde el otro lado de la valla que te impide el paso. Con todas estas circunstancias la duración de la visita fue realmente corta.
.
.
Algunas de las personas asistentes al congreso se dedican profesionalmente e investigan la gestión social de estos yacimientos arqueológicos. Entre sus estrategias estarían desde ofrecer formas más experienciales de recorrerlos (visual, olfativamente...) con las que vayas descubriendo cosas conforme lo recorres, a formas de permitir la implicación de las personas interesadas durante los procesos de excavaciones pudiendo participar en ellos. Aquí aparecen algunas fuentes de conflicto que nos suenan: algunas empresas de arqueología reniegan de estas formas de socialización, considerando que desprestigia la profesión, que los “voluntarios no profesionales” son mano de obra barata.

Pero la controversia no sólo está entre los arqueólogos. En el congreso había antropólogos con una forma de entender la gestión de lo patrimonial como algo que se construye y se resignifica contínuamente, lo cual implica trabajar sobre conceptos, pero no sólo, y en cualquier caso lo ético es resignificarlo desde la sociedad, desde el estudio de lo que una comunidad en un momento dado considera su patrimonio. Una disciplina tiende más al trabajo con lo material y otra al trabajo con los conceptos. A unos les sobraba tanta conceptualización y a otros tanta materialización. Al parecer es una vieja discusión entre disciplinas, superado por muchos antropólogos y arqueólogos, pero que de alguna manera sigue en el aire, sigue en las propuestas que vienen de unos y otros. Será porque antaño la separación era muy grande entre algunas corrientes de estas disciplinas:

“Pedir a los antropólogos que se preocupen por la cultura material es ir contra la corriente dominante.El objeto material simplemente no existe para unos y es despreciable cacharrología para otros...
Las explicaciones de esta actitud pueden ser muy distintas. Podemos decir, justificándonos que los arqueólogos tratan con objetos y nosotros con conceptos...
Existe también un temor hasta cierto punto razonable: que la objetificación propia de los museos acabe cosificando a la disciplina,...merme el carácter experimental de la investigación pura…”
(Carretero Pérez, Andrés (1996) Antropólogos y museos etnográficos)

Esta dicotomía está más superada en la tradición antropológica o arqueológica americana e inglesa. Hace poco que leo a Tim Ingold (gracias Ester!) y conocí más personas en el congreso para las que es un referente. Lo primero que leí de este autor trata directamente este tema:

“Mi propósito, en este capítulo, es sintonizar las perspectivas de la arqueología y la antropología centrándome en la temporalidad del paisaje….
El conocimiento nacido de esta práctica está, pues, a la par con el que nace de la actividad práctica del habitante nativo y que es el que el antropólogo busca aprender y comprender participando en él. Tanto para el arqueólogo como para el habitante nativo, el paisaje cuenta - o mejor dicho, es - un relato, una «crónica de la vida y el habitar»
(Ingold, Tim (2000) The perception of the Environment. Borrador de traducción por Ester Gisbert Alemany)

No soy especialista en ninguna de las dos materias, aunque mi forma de  desarrollar la arquitectura hace que me acerque bastante a estos dos campos de estudio. Así que, como visitante extranjera y como arquitecta con dichas inquietudes, desearía que en As Burgas el propio paisaje narrase más, no sólo en el yacimiento arqueológico, claro, y que lo hiciese de diferente forma: a través del sumatorio de diferentes voces, del planteamiento de preguntas y controversias y no sólo de verdades... Cómo se plasma esto en el paisaje requiere añadirle a ese profesional una buena dosis de actitud de diseño. Seguramente requerirá experimentar y salir de las fórmulas establecidas o tímidas. El proyecto ROJO PAQUIMÉ, de PKMN, puede ser un ejemplo de intervención que fomenta la diversidad en las formas de acercarse a, o interactuar con, un paisaje histórico patrimonial.

Pero volvemos a la escena de partida, ahora ya en la piscina termal de uso público, resultado de un proyecto de intervención en la zona llevado a cabo en 2009, y que incluía además de la piscina, las labores de excavación arqueológica comentadas y la peatonalización de la zona. Porque antes de la intervención As Burgas se habían convertido en una selva:
.
(imagen izquierda cedida por el blog Ourense no tempo)
.
A la izquierda As Burgas a principios del siglo pasado, a la derecha en la actualidad. Pongo de manera intencionada esta foto de la actualidad y no una más estetizada de las piscinas, porque me sirve para explicar una de las cosas que más me hizo disfrutar del baño, después de la temperatura del agua, fue lo integrado que esta actividad está en la vida urbana de alrededor. Una barandilla fina separa la plaza de la piscina, siendo el material del suelo contínuo. Esta visibilidad, esta integración en el paisaje no es habitual en las piscinas públicas.

Podríamos decir que esta intervención entra dentro de esa forma de entender el patrimonio como un recurso público que ofrece usos para el disfrute contemporáneo, revalorizando una zona durante mucho tiempo en estado de aparente abandono. Lo que desencadenó la declaración como BIC y de ahí el proyecto de intervención, fue la perforación que se produjo en uno de los pozos, perdiendose el 40% del manantial, a causa de unas excavaciones no autorizadas asociadas a la construcción de un nuevo balneario. Las administraciones tienden a justificar las construcciones turísticas como desarrollo local sin hilar fino en qué tipo de construcciones turísticas de verdad contribuyen a una mejora en la calidad de vida y a un aumento de oportunidad de desarrollo para los habitantes locales, y cuales constituyen el desarrollo económico de unos pocos a costa de la pérdida de un recurso hasta ese momento de todos. En el congreso hubieron varios ejemplos de reacciones opuestas al turismo que privatiza lo patrimonial de una comunidad. Es el caso de la Plataforma Ciudadana en Defensa do Castelo de Monterrei, desde el activismo ciudadano o el caso de los trabajos de comunicación y desarrollo de Alba Sud que mostró Ernest Cañada en apoyo del turismo comunitario, como una forma de desarrollo distribuido en el que los habitantes no pierden todo poder de gestión de su territorio.

Volviendo al caso que nos ocupa, se trata de una piscina pública, gestionada con dinero público, que ofrece un servicio al habitante local y al extranjero. Puedo decir que disfruté corporalmente de las cualidades de este espacio, incluso me trasladé un poco a la época romana y a esa sabiduría del placer corporal que ya tenían aquellos. Pero, de nuevo, en sí mismas estas piscinas me contaron poco de las otras historias de este lugar, que podrían haber estado integradas de alguna manera en el proyecto. Porque resulta que en otras épocas la “Burga do Medio”, fue lugar de curtidores y lavanderas, pasando luego a ser el Estanque de las Ninfas”, del que si se conservan el relieve en bronce del escultor Acisclo Manzano. Los habitantes usaban estos manantiales también para escaldar pollos y para cocinar. Pero  la historia que más peso tiene para algunos, que más define este lugar, es la de Os Graxos a Burga.

.
La foto es del momento en que un miembro de A Bela Auria está contando-interpretando parte de la historia de Os Graxos a Burga:

“A historia conta que polo ano 1834, dous orfos de 17 anos que non tiñan quen se responsabilizase deles, xuntáronse na costa da alameda. Oito días despois... estableceran o seu lar nun burato artificial, que servía de rexistro, entre a Burga de Arriba e a Burga de Abaixo. A estes dous personaxes uníronlles todos os rapaces que coma eles, se sentían abandonados á súa sorte…”

Al parecer este asentamiento en As Burgas duró muchos años, sucediéndose generaciones de niños abandonados por sus familias y por el sistema y convirtiéndose en un lugar okupado y autogestionado por ellos. El calor de las termas, en el interior de la cueva, hacía posible sobrevivir en este lugar en invierno. Por las noches salían para buscar comida y según cuentan tenían un lema: “Todo es de todos”. No fue un historia anecdótica esta. Dicen, era conocida en toda Galicia y todo escritor gallego de la época tiene algo escrito sobre ellos. Y sin embargo, nada por aquí, nada por allá de esta historia en la materialidad del paisaje, nada que nos haga saber ni intuir que viviern aquí, entre matorrales y aguas termales, Os Graxos a Burga. Siendo, como parece que fue, algo tan identitario de la historia reciente de este lugar, no darle su espacio de representación suena a querer tapar una parte de la historia, una que no es considerada digna o incluso que es considerada por algunos vergonzosa. Nos suena mucho también todo esto.

¿Y por qué a Bela Auria se empeña tanto en visibilizar esta parte de la historia de As Burgas? A Bela Auria es una fiesta histórica de Ourense, no porque lleve muchos años, sino porque recrea los años 20 del siglo pasado, la época de la Xeración NÓS. Va por su quinta edición y es el resultado de la inquietud de habitantes de Ourense que quieren sentirse ciudadanos:

“Houbo un tempo no que o Ourense real e o Ourense imaxinario estaban cheos de grandes figuras. Pola Bela Auria camiñaban Otero, Risco, Ferro Couselo e outros; polas súas páxinas andaban a marear don Celidonio, os celtas, lendas e ideas chegadas de toda Europa. Aquela era a Atenas de Galicia, unha vila de CIDADÁNS e non soamente de habitantes.”

Vamos, se trata de grupos de personas que no quieren que les escriban la historia, sino que quieren ser parte crítica de su construcción, porque eso construye su identidad como habitantes de este territorio. La fiesta consta de muchas más actividades que permiten el disfrute de personas de todas las edades y que se cuida mucho de contextualizar teatralizando relatos concretos de los años 20 en Ourense. Sería esta una forma de entender el patrimonio como aquello con lo que te identificas y que quieres reivindicar, defender, cuidar. Una forma de entender que el patrimonio es algo que se construye en el día a día, por la comunidad, con sus momentos de celebraciones y rituales, necesarios para hacer hermandad. Una forma de seguir construyendo vínculos, mitos y fábulas desde la vida cotidiana y no desde decisiones que tome el poder político de turno.

Pero ojo, tampoco creo que sea bueno construir tu identidad exclusivamente desde las historias de un territorio o de lo que sea, si no se tiene claro que es algo cambiante, que para ser sano, no debe estar por encima de la persona:

“La vida no es la identidad! La vida resiste a la idea de la identidad, es necesario admitir la ambigüedad. A menudo la identidad puede ser vital para enfrentar una situación de opresión, pero sería un error utilizarla para no afrontar la complejidad. No puedes saturar la vida con la identidad” 3(Judith Butler)

Ante tal heterogenidad de formas de entender lo patrimonial se ve clara la pertinencia del congreso SOPA en sus temas y en la forma de plantearlos, así como la necesidad de herramientas como la redSOPA que permitan analizar desde parámetros comunes todos aquellos trabajos sobre lo patrimonial que deseen trazar los vínculos y las diferencias entre sus modos de hacer y los de otros, como una manera de comprenderse más, de detectar mejoras posibles, de sumar puntos de vista, de seguir aprendiendo. Como esta red está pensada para seguir evolucionando, lanzo aquí una sugerencia a sus artífices: ¿que tal un filtro más (o eje) en la red SOPA que sitúe de donde procede cada iniciativa, proyecto o estudio sobre lo patrimonial? Es decir, si procede de la administración, de la sociedad, de la investigación académica o de la práctica profesional. O de mezclas entre ellas. Esto viene de un esquemita muy sencillo y a la vez muy claro que expuso un ponente (no apunté el nombre) en referencia a los tipos de agentes que intervienen en la gestión de lo patrimonial, los conflictos entre ellos, y la necesidad de que sepamos gestionarlos:



Termino ya (que sí) con algo que varios ponentes remarcaron: la gestión de lo común que nos importa está lleno de controversias, de conflictos. Eso es señal de que está vivo, y la actitud no es intentar taparlos, mostrar una especie de realidad ideal, sino aprovecharlos como motor de investigación y de acción, como campos creativos que fomentan la innovación.
(y si has llegado a leer hasta aquí, sin lectura en diagonal, gracias y disculpas;)



.
Siete días en Madrid alternando la experiencia surrealista de un taller muy institucional de arquitectura, con la experiencia underground de la ciudad, han sido suficientes para reafirmar la gran distancia que existe, en cuanto a autenticidad y pertinencia, entre lo que se produce en una realidad y en otra, por muchos intentos, desafortunados y afortunados, que se hagan por trazar vínculos reales entre ellas. Vi esperanzas de esos intentos, pero en este viaje las vi desde lo underground hacia lo institucional y no al revés.

Empiezo con la experiencia del taller:
La exposición en la que se enmarcaba el taller al que asistí tenía mucho de populista y sensacionalista, y eso se sabía. La cuestión es que me apetecía mirarlo de cerca, conocer de cerca la forma de trabajar de alguno de estos arquitectos que impartían los talleres y cuyo trabajo seguía. Tenía curiosidad por saber su opinión, de primera mano, respecto a la exposición. Una exposición que se abanderaba sin pudor, a pesar de quienes eran los organizadores, con lemas como éste:
«la arquitectura no es sólo una actividad glamurosa, hecha para soportar narcisismos, hay que apostar por la arquitectura cotidiana: la que pertenece a la vida cotidiana de la gente y no a los edificios escultóricos y a los iconos.»

Pues bien, a este contexto me quise acercar, para observar, preguntar y con suerte (tenía la esperanza de encontrar a alguien para ello) conversar sobre temas que realmente me parecen de interés y que la arquitecta que impartía el taller difunde en su web y en conferencias.

Pero esa conversación no ocurrió, y en su lugar lo que la arquitecta nos propuso fue pasar diez días en un museo, dieciséis arquitectos, modelando barro para, a través de este ejercicio plástico y manual, proyectar todo un programa de “necesidades” (una escuela, unas viviendas, un training center, y algo más) para una comunidad en Zimbabwe de la que no conocíamos prácticamente nada, ni falta que hacía, puesto que nuestra intuición nos guiaría hacia el camino correcto (y son palabras muy literales). Mientras, una lista de música africana sonaría de fondo y en algún momento del taller visitaríamos una tienda africana para inspirarnos en la decoración.

La primera pregunta que lanzamos fue dónde quedaba ese primer punto del “Manifesto for a humane design culture”, iniciativa de esta misma arquitecta, que considera fundamental en todo proceso de diseño arquitectónico centrado en las personas, partir de la “colaboración ojo a ojo”, la comunicación cercana y real. Preguntamos también por la posibilidad de entablar alguna vía de comunicación con esta comunidad a través de internet, puesto que existen muchos ejemplos de proyectos cuyo objetivo ha sido precisamente aumentar esa capacidad de comunicación de comunidades más aisladas, para así superar la retaila de prejuicios que se pueda tener sobre lo desconocido. Pero nos aseguraron que la comunicación con esta comunidad de Zimbabwe, aún siendo lo más deseable, no era posible.

El planteamiento de pasar diez días sin abrir el ordenador, sin estrés, produciendo modelos espaciales de barro, a diferentes escalas y sin buscar una solución final, sólo como proceso creativo, de experimentación plástica, me hubiese parecido genial (aunque para eso no hacía falta montar esa expo), si no fuera por el pequeño detalle de tener que pensar mientras modelabas barro que ahí dentro, en esa forma que te acababas de inventar a sentimiento, podría vivir o pasar mucho rato alguien que no te has molestado en conocer ni en preguntarle cómo quiere vivir. Ni siquiera el dato de proceder esta iniciativa de un pequeño centro de permacultura instalado en la comunidad se tuvo en cuenta. Porque proyectar o construir con tierra no es igual a construir según los principios de la permacultura. Existe un manual de diseño para la permacultura muy extenso al que nadie hizo referencia en todo el taller. Te puede gustar más o menos este manual, pero no hacerle caso, siendo el eje principal de la comunidad para la que proyectas, me parece algo más que cuestionable.

Estuve tres días de los diez que duró el taller, por curiosidad y porque aún mantenía la esperanza de poder conversar directamente sobre lo que se estaba produciendo al proyectar así, conversar sobre sus consecuencias. Quería hablar sobre ello para que todos fuésemos conscientes, y luego ya cada cual que elija. Pero no, no era posible esa conversación, por si coartaba la creatividad, por si enjuiciaba lo bueno y lo malo. “Don´t think, just do it” era el lema, mientras la música africana sonaba de fondo. Así que la comunicación entre nosotros tampoco era posible.

Era como la reproducción de ese taller artesanal donde el maestro le pide al aprendiz que confíe porque al final lo entenderás todo, al final será evidente por todos. Es para mí éste un modelo de enseñanza que no tiene nada de colaborativo y en el que el maestro no modifica un ápice el programa con el que viene. Al no construir el taller junto a los alumnos y hacer que estos acepten modelarse al programa, no está educando gente activa, crítica, propositiva, que construya sus propios modos de hacer y su propia ética.
Al contrario, lo que se educa es gente que sabe hacer a la perfección lo que se les pide, que suelen ser partes de un proceso diseñado por otros y cuya ética ni siquiera es necesario que te la plantees: Don´t think, just do it.

Hacía también referencia a conectarnos con nuestra intuición de la infancia, esa que al parecer, desprovista de la deformación cultural, es común a todos los seres humanos. Le preguntamos si creía que si todos los arquitectos proyectasen desde la intuición más conectada a su infancia, el producto resultante sería beneficioso para la humanidad. Y contestó que creía que sí. De hecho, días después (yo ya no estaba para verlo) pidió que unos niños que habían ido a visitar la expo, se pusieran a modelar junto a los arquitectos.

Aquí es donde llegamos para mí a toda una serie de extrañas mitificaciones de la creatividad y la inocencia en la edad infantil. La edad infantil como estado del ser humano de la que aprender mucho sencillamente por sus diferencias con la adolescencia o la edad adulta, es un tema que me ha interesado tanto que he formado parte de proyectos que trabajaban con el niño como usuario o como sujeto político. Soy consciente de todo lo que se puede aprender investigando esta etapa de la vida, y creo que a poco que se profundice se supera cualquier idea de que en la infancia somos más intuitivos o más creativos que en la edad adulta. Lo que pasa es que en la infancia no tenemos miedo a inventar.

El último libro que me han recomendado sobre este tema, “La imaginación y el arte en la edad infantil” de L.S.Vigotsky, habla claro sobre esto: “tendemos a pensar que la imaginación de un niño es superior a la de un adulto a pesar de que la creatividad nos viene por las vivencias personales y ajenas, por tanto las de un niño son muy escasas, pero los niños no tienen miedo a expresar e inventar, y eso lo van perdiendo a medida que crecen.”

Así pues, si se trataba de entrenarse en perder el miedo a inventar, me hubiese parecido perfecto. Pero eso no es igual a decir que proyectemos tratando de conectarnos a un yo infantil, más intuitivo, menos racional, más inocente.

La arquitectura no es inocente. Un muro impide el paso en una dirección. Unas formas cavernosas obligan a habitar de una manera y no de otra. Unas geometrías tanto formales como decorativas, representan una estética con la que te puedes o no sentir identificada...nada de eso se va a tener en cuenta desde nuestra edad infantil.

¿Qué cuáles fueron los resultados de este taller? Como digo lo dejé al tercer día. Pero para entonces ya habían maquetas facetadas tipo piedras con cavidades interiores, estaba también el jarrón cerámico sobreescalado, las cubiertas piramidales, el árbol, el queso gruyere y algo muy parecido a un Guggenheim pero de barro. Y es que el proceso de diseño del Guggenheim, esa arquitectura icono que al parecer ya no necesitamos, fue muy parecido al proceso de diseño de estas maquetas, (conste que a mi el Guggenheim me emociona y que lo considero un producto que cumplió la función para la que se compró. La perversión fue querer repetir esto luego en cada pueblo). Se puede ver en el famoso documental, como Gehry le indica a su maquetista que recorte cartulinas y las vaya disponiendo de diferentes formas...hasta que la intuición del arquitecto le dicte que esa es la forma idónea. Gerhy al menos nunca ha dicho que su proceso de diseño arquitectónico fuese colaborativo o social.

La endogamia y el autismo místico para proyectar arquitectura han hecho y siguen haciendo mucho mal en el desarrollo de una profesión que acaso pudiera ser útil para la sociedad. Yo también he proyectado desde ahí, vi las consecuencias y decidí que debía replantearme mis modos de hacer. 

Ir con un catálogo de esculturas de barro a una comunidad de Zimbabwe para pedirles que elijan la que más les guste, que total no lo van a pagar ellos sino la comunidad europea, no me parece la mejor manera de fomentar el desarrollo ni la innovación entre dicha comunidad. Es lo mismo de siempre, vendedor y consumidor, pero más perverso aún al tratar de disfrazarlo de otra cosa.

Total que dejé el taller, y me pasé al underground de la ciudad, a vivir un poco de cerca esas manifestaciones de transformación de la ciudad por sus habitantes, como El Campo de la Cebada, Bestiario, el movimiento Stop Desahucios, la Casa de los Jacintos...que en algunos casos han sido transformaciones iniciadas por personas con conocimientos arquitectónicos, antropólogicos, de derecho, de economía, de agroecología o de fontanería...pero que además de eso son vecinas y vecinos del barrio, que disfrutan y sufren la ciudad, que detectan deseos, necesidades y conflictos de los habitantes, y se ponen a trabajar para aportar soluciones, considerando este trabajo una oportunidad de innovación social y siendo conscientes de que en algún momento  deberán negociar con el poder, para lo cual deberán saberse muy bien las normas del juego, las leyes, los derechos y las obligaciones políticas de todo ciudadano. Pude comprobar que están en ello y merecen toda mi admiración. De ell@s quisiera aprender.
.
.
(Post publicado en el blog de la plataforma Proyecto áSILO/SILERUS)

Ha pasado mucho tiempo (año y medio) desde aquel taller de diseño y construcción colaborativa del mobiliario para el proyecto Quilombo en el que participó muy activamente Proyecto áSILO.
Acontecimientos recientes, como la apertura de este espacio el pasado Diciembre, y un próximo PECHA KUCHA donde se explicará cual ha sido el proceso de diseño y construcción de este proyecto, hacen que tenga sentido volver a hablar aquí de esto, sobre todo porque nunca contamos cómo fue nuestra colaboración (más vale tarde que nunca). Lo que sí hemos ido contando ha sido los productos y servicios derivados de haber realizado este taller de la forma en que fue planteado.
En la siguiente presentación contamos cómo fue el proceso y los resultados de dicho taller, así como el porqué de realizarlo, es decir, el porqué de, ante un encargo que un cliente (Sergio Saura Javaloyes) realiza a María G. Javaloyes (la que escribe este post), ésta decide plantearle realizarlo a través de un taller colectivo-formativo.
.



El por qué se explica en la presentación, pero quiero remarcarlo aquí: Para hacer de esta casa en ruinas un asunto colectivo antes de abrir físicamente, ya durante el proceso de diseño y construcción, que además en este caso, se preveía largo.
Y ¿Cómo? comunicandolo, compartiendolo, creando un entorno que permita la interacción, la colaboración, la diversidad de puntos de vista, de personas afines, ya sea porque se identifiquen en algo con este proyecto, porque les aporte algo esta colaboración, por amor o porque es una manera inteligente de hacer las cosas, consiguiendo que más personas, con todos sus conocimientos y habilidades, se quieran implicar en lo que estás haciendo.
Los procesos colaborativos no son un camino de rosas, es fácil cometer errores, no saber gestionar los conflictos que suceden cuando algo se hace público o colectivo...pero ya hay muchísimos ejemplos de que los entornos que más han innovado en este siglo han sido los que han sabido crear procesos que hicieran posible la colaboración.

Así que, cuando proponemos talleres de diseño y construcción abiertos, como proceso de producción de un encargo, creo que debemos saber explicar con claridad las razones de peso. Es un proceso que proponemos porque hace posible que más inteligencias, saberes y habilidades, se impliquen en un proyecto, y por tanto las posibilidades de innovación (de encontrar una solución para un problema que desconocíamos antes de empezar) son más posibles.
Es también una forma de desarrollar la cultura material que el sociólogo Richard Sennet considera fundamental para la supervivencia, sostenibilidad, de la sociedad:
“Dejar que la "“gente reconozca el problema”" una vez terminado el trabajo, significa confrontar a las personas con hechos habitualmente irreversibles en la práctica. El compromiso debe comenzar antes y requiere una comprensión mayor, más elaborada, del proceso por el cual se pasa mientras se producen cosas, un compromiso más materialista”
El Artesano, Richard Sennet
Así que una manera de desarrollar tanto la cultura colaborativa como la cultura material sería a través del formato taller colectivo. Curro Claret habla en este video sobre su confianza en estos procesos, en la capacidad de que un tipo de formato de taller fomente la creatividad individual y colectiva, mucho más que dentro de cadenas de producción demasiado rigidizadas:
.

Los resultados del taller que realizamos para el Quilombo son piezas de mobiliario de una gran calidad, originalidad y diversidad, que era lo que se buscaba. Estoy convencida de que no hubiese sido posible que surgiera algo así únicamente desde el trabajo mío y de Sergio, y menos en el tiempo en que se realizaron. Evidentemente para cada tipo de taller, así será el perfil de participantes, colaboradores, alumnos, maestros que se busque. Esto ya formará parte del diseño del proceso del taller.
El diseño de procesos, es uno de los fundamentos del Design Thinking, que lo considera la vía para la innovación en lo que estás haciendo, desde productos a servicios a proyectos sociales. Por eso en el PECHA KUCHA lo que quiero exponer es el PROCESO DE DISEÑO Y CONSTRUCCIÓN DEL QUILOMBO, el proceso completo porque la colaboración en mi caso existió antes y después de dicho taller.
.
.
Hace poco me contaron la razón por la que se construyó un lago artificial bajo un puente en el Jardín del río Turia, en Valencia. Se debió a que durante un tiempo bajo ese puente se concentró una cantidad de sin techos lo suficientemente elevada como para considerarse un problema.


Mientras que algunas personas iban allí a dejar ropa, mantas, colchones y otros utensilios que pudieran ser de utilidad en ese contexto, otras proyectaban un lago, una superficie de agua que hiciese ese trozo de ciudad inhabitable por el ser humano.


Seguro que alguna mente fantaseó con la posibilidad de que, tras el desalojo de los sin techo y la construcción del lago, se construyesen chozas flotantes, al estilo de los habitantes de La Bañera, o chozas colgantes del puente, al estilo de ya sabes que famoso puente, o incluso que se construyese un puente bajo el puente…
y no porque esa mente fantasiosa piense que lo mejor para una ciudad es que la gente viva bajo sus puentes, sino porque simplemente es una realidad que existe gente tan necesitada como para hacerlo, y la solución no puede ser borrarla de las áreas de la ciudad donde no queremos verla.
No puede ser, pero es una solución muy común de los políticos al mando, seguramente porque el borrón y cuenta nueva es mucho más rápido y simple que la complejidad de un verdadero proyecto de rehabilitación sociológica, económica, arquitectónica, ambiental de una zona. Ciertamente lo último es muy complejo y requiere la habilidad de mirar de cerca, o mejor dicho, de interactuar de cerca con la realidad, sin negarla. 

En Alicante, la alcaldesa explicaba bien claro la razón por la que mandó demoler la plaza de Balmis: «El problema no era la plaza de Balmis, sino el ambiente que se había creado».

Se refiere a que era un plaza habitada principalmente por prostitutas y las visitas de sus clientes. Y al parecer, para dejar de ver esa realidad en la plaza existente, había que dejar de ver la plaza, había que demolerla, había que dar una nueva imagen, incompatible con la historia reciente del lugar. De esa historia no debe quedar ni rastro. Bueno, sí, algún azulejo


Yo, que nací en Alicante, nunca he tenido un vínculo afectivo por esta ciudad en sí, tal vez porque había que fijarse demasiado para encontrar el rastro de sus historias, de todas las que ocurrieran. Tal vez es eso, que no me fijaba lo suficiente. Quizás quede algún azulejo incrustado entre el nuevo hormigón de la plaza, que servirá a esos que sí se fijan y se empeñan en gritar que ALicante si tiene historias, y que no borrarlas ayuda a tener vínculos con ella.


Para las que no gritamos tanto por esta batalla (que por otras sí), lo que nos queda es fantasear. Ahora me imagino que alguien se hiciese con fragmentos de la plaza derruida, con azulejos de colores, y que reconstruyese una reinterpretación de la plaza en otro lugar. Y ahora me debato entre  que se reconstruye sobre la misma plaza del ayuntamiento o en medio del bosque. 

Confío en que existen soluciones mejores al borrón y cuenta nueva, que no son su opuesto, la conservación exacta y fiderigna de lo que hay. Mirar de cerca es una de las maneras de salirse de esos extremos, que en mi opinión, simplifican la realidad tanto que hacen que deje de ser humana.



 .
Hace ya más de un mes fuí invitada a una “mesa redonda” (en realidad era muy rectangular) en la localidad en la que vivo, Jacarilla. Junto a seis mujeres más y un hombre, hablaríamos, desde nuestra experiencia directa, de la relación entre género y el desarrollo de nuestras profesiones, o labores diarias...

Fue emocionante escuchar el relato de cada mujer y el del hombre, (que es mi primo Normando, con su proyecto de investigación sobre género y agua, desarrollado tras una experiencia en el Salvador).
Lo mejor fue conocer más las diferencias y los puntos comunes con las que son mis vecinas.

Mari Carmen, organizadora de aquella mesa, me pidió continuar lo que conté, en otra charla que tiene lugar esta tarde a las 20:00h.

El título que puse a esta charla ha sido: “Otras formas de hacer arquitectura. Desde lo micro, lo múltiple y lo existente”. Mari Carmen me sugirió cambiar el título por: otros modos de construir....para que fuese más dirigido a la población de esta localidad, con pocos arquitectos pero con muchos constructores.

He de confesar que, por alguna confusión mía, yo pensaba que la audiencia sería otra (en otra localidad, con otra asociación). Por eso contesté que no lo quería cambiar, porque de lo que quería hablar era de la diversidad de formas de ejercer labores que estén directamente afectando a los modos de construir y de habitar el entorno, y que todas ellas son modos de hacer arquitectura.

En definitiva quería hablar de la infinidad de tareas que hay por hacer, de las infinidad de posibilidades de acción que existen, de la diversidad de habilidades y conocimientos que hemos adquirido o vamos adquiriendo, que nos permite trabajar en campos de acción diversos (a unos más que a otros)....

Pero claro, tratándose de un pueblo de constructores...he decidido focalizar la charla en todo aquello que atañe directamente a la construcción, sus oficios, sus recursos (tecnológicos, materiales, humanos), y sus servicios.

Y para ello voy a utilizar como eje de toda la explicación la propuesta de proceso de rehabilitación de La Casa de los Maestros, un Bien Público de Relevancia Local, en Jacarilla, que desarrollamos a petición de las actuales concejalías de cultura y urbanismo de esta localidad.


Creo que es un buen ejemplo para explicar estos otros modos de hacer arquitectura, diferentes a los que propusieron hace unos años un estudio de arquitectura para esta misma casa. Su propuesta consistía en demolerla y construirla de nuevo con otros materiales pero que (al menos en fachada) reprodujese la forma original.

La propuesta, de lógica (y sensibilidad) radicalmente opuesta a la demolición, que expondré en la charla, fue un trabajo realizado por María Conesa Sánchez, Sergio Ceballos, Jose Milara, y Normando Sánchez Javaloyes, desde la plataforma Proyecto áSILO. Fotografía de María Conesa Sanchez.

Hablaré siguiendo las palabras clave que ya usé en aquella mesa: trabajar desde lo micro, desde lo múltiple, y desde lo existente, que ya sé que esto es muy genérico, pero para eso todo se vertebrará con ejemplos.

Y para que este post no sea infinito, tras la charla y el turno de preguntas y respuestas con mis vecinos, colgaré en un post el resto de la exposición y las conclusiones.
Aquí unicamente una imagen y una pregunta:



top